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Actualizado: 25 de diciembre de 2025
El lector no llevará á mal que yo me pare en estas menudencias, ya porque estas menudencias, son faces características en donde se refleja la vida de un pueblo, ya tambien porque tengo necesidad de apreciar estas cosas, con el fin de educar mis sentimientos propios. No lo hago por enseñar á quienes saben más que yo; sino por enseñarme y corregirme á mí mismo.
Con estas cifras, ¿no es lógica la falta de temor, y sin él, la indiferencia? Lo es, máxime si se agrega que el soldado cumplido al volver á su pueblo, cuenta la vida holgada del cuartel, y con sus relaciones, aleja el temor de los quintos, que saben, que el soldado viste bien, come mejor, tiene dinero, y vive con holgura y poco trabajo.
Traerme a Madrid la chica... ¡Figúrate! ¿Y qué hiciste? Sin duda me inspiró Dios. Les miré de un modo que no debieron de comprender, y saliendo al zaguán les dije: «Quiero creer que no saben ustedes lo que piden.» En seguida, limpia de odio, besé a Inesilla y me volví a Madrid sin rencor... y sin ilusiones. ¡Lo creo!
Las indias hacen para sí unas como capas de algodon, tan sutíl como nuestros tejidos de seda, que llamamos Arras, ó Burschet, y las tejen con varias figuras de ciervos, avestruces, ovejas indias, ó las que mejor saben hacer. Si corre aire frio, duermen, ó se sientan en ellas dobladas, y tienen otros usos. Son hermosísimas, lascivas, y me parecieron muy blancas.
¡Oh, bien lo veo! se apresura a decirme. A usted yo podría confiarle todo, todo. Y me parece que me aprieta ligeramente el brazo. «¿Qué querrá de ti?» me digo, y el corazón parece querer salírseme por la garganta. Llegamos delante del cenador, un cenador de aristoloquias... ustedes saben, esas hojas anchas de forma de corazón que interceptan todo rayo de luz.
252 Les tiene el hombre cariño y siempre con alegría ve salir las tres marías; que si llueve, cuanto escampa, las estrellas son la guía que el gaucho tiene en la pampa. 253 Aquí no valen dotores, sólo vale la esperiencia; aquí verían su inocencia ésos que todo lo saben, porque esto tiene otra llave y el gaucho tiene su cencia.
555 Cual más, cual menos, los criollos saben lo que es amargura; en mi triste desventura no encontraba otro consuelo que ir a tirarme en el suelo, al lao de su sepultura. 556 Allí pasaba las horas sin haber naides conmigo teniendo a Dios por testigo, y mis pensamientos fijos en mi mujer y mis hijos, en mi pago y en mi amigo.
Todos cuantos han tenido la desgracia de trabajar en conspiraciones burdas saben perfectamente que los despabilados y parlanchines forman a sus espaldas una guardia de hombres soeces y brutales, que sirven para dar a la idea, en la ocasión precisa, su voz estentórea, su brazo salvaje y su representación apasionadamente popular.
''Ahora digo -dijo el dueño-, que de vos a un asno, compadre, no hay alguna diferencia, en cuanto toca al rebuznar, porque en mi vida he visto ni oído cosa más propia''. ''Esas alabanzas y encarecimiento -respondió el de la traza-, mejor os atañen y tocan a vos que a mí, compadre; que por el Dios que me crió que podéis dar dos rebuznos de ventaja al mayor y más perito rebuznador del mundo; porque el sonido que tenéis es alto; lo sostenido de la voz, a su tiempo y compás; los dejos, muchos y apresurados, y, en resolución, yo me doy por vencido y os rindo la palma y doy la bandera desta rara habilidad''. ''Ahora digo -respondió el dueño-, que me tendré y estimaré en más de aquí adelante, y pensaré que sé alguna cosa, pues tengo alguna gracia; que, puesto que pensara que rebuznaba bien, nunca entendí que llegaba el estremo que decís''. ''También diré yo ahora -respondió el segundo- que hay raras habilidades perdidas en el mundo, y que son mal empleadas en aquellos que no saben aprovecharse dellas''. ''Las nuestras -respondió el dueño-, si no es en casos semejantes como el que traemos entre manos, no nos pueden servir en otros, y aun en éste plega a Dios que nos sean de provecho''. Esto dicho, se tornaron a dividir y a volver a sus rebuznos, y a cada paso se engañaban y volvían a juntarse, hasta que se dieron por contraseño que, para entender que eran ellos, y no el asno, rebuznasen dos veces, una tras otra.
El desconocido tiró repentinamente de las riendas y preguntó: ¿Por dónde entran ustedes? Ustedes saben el camino mejor que yo. Por la ventana posterior dijo Catalina con repentina y asombrosa franqueza. ¡Ya comprendo! contestó el extraño guía sin inmutarse. Y apeándose al momento, quitó de los caballos los sonoros cascabeles.
Palabra del Dia
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