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Los sucesos, como el agua, deben beberse en la fuente; y por esto, con venia del capitán de arcabuceros que está de facción en la susodicha puerta, penetraremos, lector, si te place mi compañía, en un recamarín de palacio.

En ellos verá el lector la necesidad para nosotros, de las representaciones sensibles, phantasmata; y la línea divisoria entre estas representaciones, y el órden intelectual puro.

Por ahora, amigo lector, no se columbra todavía a ese sabio responderemos; ni nosotros hemos hecho ánimo de responder por ahora a todas las preguntas; ni nos dejarán responder tampoco por ahora, aunque quisiéramos. Limitámonos por ahora a probar que, como hay cosas buenas entre nosotros, hay palabras que parecen cosas, y palabras buenas que nos dan por buenas palabras.

Indudablemente estas confesiones de la devota son, como habrá el lector comprendido, bastante obscuras, y no dan todavía ninguna luz acerca de la crisis que indudablemente agitaba aquel purísimo y perfecto espíritu. Lo cierto es que una gran transformación se verificaba en su carácter.

La incógnita, en que el lector habrá ya reconocido sin duda a la intrépida Currita, pareció muy perpleja: indudable era que en la calle X no existía el número 4, puesto que no había otra casa que el suntuoso hotel, y en este vivía precisamente ¡qué coincidencia! , la Mazacán en persona...

Cuando el objeto que tiene que mirarse está muy alto, hay que pararse para levantar la cabeza. Permítame el lector que yo alce la frente procurando dominar con los ojos del alma la cúpula grandiosa de ese magnífico panteon, y luego le diré lo que mi pobre pensamiento ha podido ver y adivinar. Hoy terminaré con algunas curiosidades.

De estos hechos quiere inferir Condillac la confirmacion de su sistema; yo extraño que sobre datos semejantes se pretenda fundar toda una filosofía. Someto á la consideracion del lector las observaciones siguientes. El órgano de la vista ejercitándose por primera vez, debia ser sumamente débil, y por consiguiente servir de un modo muy incompleto para las funciones sensitivas.

La mayor parte de las veces parece que, en lugar de interesar al lector y recrear su espíritu, nos proponemos acabar con su paciencia. La composición es el escollo en que tropiezan la mayor parte de los autores de novelas.

Y ¿cómo Simón se nos preguntará estaba al tanto de esos ascensos y de esas evoluciones de su antiguo jefe, viviendo en aquel humildísimo rincón? Para responder a esta pregunta, hay que poner de manifiesto algo que Simón no mostraba a sus convecinos; y como yo había de denunciárselo al lector más tarde o más temprano, lo haré en este momento, y eso tendremos adelantado.

D. Álvaro de Sande no sale tan bien librado como en las relaciones impresas, en ésta, que deja suspenso y conmovido el ánimo del lector. Sacada del italiano en español. Forma un códice en 4.º de 61 fojas, escritas por tres manos distintas, por cuadernillos, por la urgencia con que se tendría que sacar la copia. La hoja primera de guarda dice: La jornada de Berbería de 1560 y 1561.