Los marineros que permanecían sobre cubierta, á cada momento quedaban anegados. ¡Espantoso caos que duró cuatro horas y de noche... un siglo, lo bastante para hacer criar al pelo canas!... Así son las tempestades australes; tan terribles, que hasta en tierra los naturales que las presienten se llenan de pavor y se esconden en sus cavernas

In his Epístola á Don Antonio de Mendoza he evinces it in the following lines: Necesidad y yo partiendo á medias el estado de versos mercantiles, pusimos en estilo las Comedias. Yo las saqué de sus principios viles, engendrando en España más Poetas, que hay en los ayres átomos sutiles. Obras Sueltas, vol. I, p. 285.

Nadie respondió: todos guardaron silencio, y en los ojos de Enrique brilló un relámpago de alegría. ¿Han pensado ya en los equipajes mi mujer y mi suegra? ¿Han guardado en las cajas sus gorros y sombreros? ¿Está todo dispuesto para la marcha? Para la tuya, dijo Cecilia, esforzándose por demostrar un valor que no sentía. ¿Cómo para la mía? ¿Pues no partiremos juntos? No.

Por la noche, Valentina se acercó a mi lado en el jardín, juntos miramos al cielo; veía su cara risueña y espiritual, sonriendo, llena de luz, de vida y de sentimiento; en el piano las notas graves de Beethoven, me despedí de ella... La volví a ver otro día por la última vez... no pude, no supe decirle que la quería... Mi sueño se fue complicando poco a poco... apareció primero entre sus imágenes, la figura escuálida de un clérigo, después mi tío... a su lado, una mujer joven le estrechaba la mano... ¡esa mujer era Valentina!... Sentí una terrible opresión en el pecho; quise correr para separarlos, no pude: tenía ligados los pies; quise gritar para que me oyesen, tampoco pude, la emoción cerraba mis labios.

El gobierno le acogió benévolamente, aprobó todos sus actos, y como prueba de su cabal conviccion y confianza, le encargó tomar á Bogotá, lo que realizó el 12 de Diciembre, concediendo á los vencidos una capitulacion honrosa.

Rozaba al andar un lado de su busto, se sentía envuelto en el ambiente embriagador que exhalaba su cuerpo sano, y veía cerca de sus ojos el rostro de Tónica, su boca fresca, mostrando la brillante dentadura con graciosas sonrisas. Juanito, entusiasmado por su buena fortuna, no pensaba ya en la resolución que tan inquieto le había tenido durante todo el día.

Al terminar el baile, cuando se disponía a subir a su cuarto, tropezó entre bastidores con Arturo, el cual, en presencia del gentilhombre que entonces presidía las funciones de la Opera, le dijo: ¿Me permite usted, señorita, que la acompañe a su casa? Será un honor para balbuceó la joven temblando, sin notar que su respuesta excitaba la hilaridad de sus compañeras.

Sin embargo, en el fondo de su atribulada conciencia, en lo profundo de su mente, orgullosa y fanática á la vez, sentía vergüenza de haber humillado ante su soberbia y de haberse rendido á mi voluntad, y tenía miedo y horror de haber dejado por el buen camino, ofendiendo á Dios y faltando á sus deberes.

El foco principal de esta nueva insurreccion era Chayanta, donde dominaban los Catari, hombres populares y atrevidos, que estaban quejosos por la indiferencia con que el virey Vertiz y la Audiencia de Charcas habian oido sus reclamos contra la escandalosa administracion de Alós, corregidor de aquel partido entonces, y promovido despues al gobierno del Paraguay.

Era divertido verla seguir con mirada atenta y solícita las vueltas que el padre daba dentro de la iglesia, para acudir á la menor señal de que sus servicios eran necesarios. Otros ratos felices eran las tertulias en la sacristía. Disimulada en un rincón, con el rebozo echado por la cabeza, gozaba oyendo el discreteo del padre con las beatas de importancia.