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No llegaba a desde una legua y andaba alrededor con el cucharón, y como yo me estaba quedo, parecían tretas contra olla que se sale. Díjome al fin: -Esto es lo bueno y no las borracherías que enseñan estos bellacos maestros de esgrima, que no saben sino beber.

Más tranquila queda no replicando cuando los superiores dicen una cosa. La autoridad, niña exclamó Paz, la autoridad es necesaria... Ya nos ha mostrado usted suficientemente la influencia fatal que en usted han producido las ideas del día. El orgullo satánico, al rebelarse contra los superiores; el contradecir... Esto es insoportable. De este modo camina la sociedad á su ruina.

Algunos segundos después de la explosión, ya no pensábamos más que en nosotros mismos. Rendido el Bucentauro, todo el fuego enemigo se dirigió contra nuestro navío, cuya pérdida era ya segura. El entusiasmo de los primeros momentos se había apagado en , y mi corazón se llenó de un terror que me paralizaba, ahogando todas las funciones de mi espíritu, excepto la curiosidad.

La vista de las arañas le producía espasmos; el bisturí de un médico le estremecía. La aprensión de volverse loco le hacía padecer horriblemente algunas veces: otras era el temor de suicidarse contra su propia voluntad.

Pero esta obra apasionada fue indigna de la credulidad que le dispensó la ignorancia general. Las afirmaciones del editor Bry, que jamás estuvo en las Indias, que imprimió todo cuanto le ofrecían siempre que fuese contra España, y vivió un siglo después del descubrimiento, se aceptaron con el mismo respeto que si fuesen documentos de testigos presenciales.

3 Quitaste toda tu saña; te volviste de la ira de tu furor. 5 ¿Estarás enojado contra nosotros para siempre? ¿Extenderás tu ira de generación en generación? 6 ¿No volverás a darnos vida, y tu pueblo se alegrará en ti? 7 Muéstranos, oh SE

Los Genoveses persuaden al Emperador la guerra contra los Catalanes, y Miguel Paleóloga hace lo mismo, y alborotase en Galípoli la gente de guerra.

Pero los puddings de Navidad, la carne de cerdo cocida y especiada y la abundancia de licores espirituosos precipitan la originalidad del espíritu en el camino de la pesadilla y son grandes preservativos contra la peligrosa espontaneidad del espíritu.

Escribo esta tradición para purgar un pecado gordo que contra la historia y la literatura cometí cuando muchacho. Contaba dieciocho años y hacía pinicos de escritor y de poeta. Mi sueño dorado era oír, entre los aplausos de un público bonachón, los destemplados gritos: ¡el autor! ¡el autor!

Usted habrá visto arrastrando una existencia de miseria artistas de hermosa voz, que sin embargo cantan en los cafés como mendigos. La gente se indigna contra esta injusticia de la suerte. Hay que ayudarlos, hay que llevarles a la ópera. Y cuando van a ella, el fracaso más desolador acompaña su intento. Saben cantar bien una romanza, pero no pueden con una ópera entera.