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Y sacó del seno un papel doblado, que se desprendió de sus manos y cayó sobre la alfombra. Don Juan estaba inmóvil, mudo, dominado por el terror.

La criatura, paralizada de terror, no lloraba. No le dolían siquiera las heridas. Al cabo de pocos momentos se presentó de nuevo Concha acompañada de la señora.

Una legua abajo de Nare está la famosa Angostura, terror de los navegantes, y al salir de ella comienza la región de las islas de primorosa vegetacion, cada vez mas numerosas, porque el Magdalena, ensanchándose mucho sobre un terreno de bajo nivel y anegadizo, interminable como llanura selvática, diseminasus aguas en todas direcciones.

Había en aquel momento un terror en su alma: era que la mujer no estuviera realmente muerta; terror culpable, huésped demasiado odioso para que encontrara refugio en el alma buena de Godfrey. Pero la naturaleza de ningún hombre puede protegerlo contra los malos deseos, cuando su dicha depende de la duplicidad. Bueno, bueno dijo el señor Crackenthorp , salid al vestíbulo.

Gran alboroto en la colmena: replico yo a mi adversario con idénticos argumentos: los redactores se reparten en dos bandos, y se entabla una batalla donde menudean los puñetazos y coscorrones; ruedan las sillas, caen las mesas, quiébranse los vidrios de algunos cuadros, y hasta hubo quien apoderándose de las tijeras de recortar sueltos, formó círculo en torno suyo y esparció el terror entre los contendientes.

Aún duraba en él la vergüenza de su torpeza; si hubiese visto a Leonora en medio del camino, habría retrocedido con infantil terror; pero la seguridad de que a aquella hora no podría encontrarla, le daba fuerzas para seguir adelante. A sus espaldas, sobre los tejados de la ciudad, habían sonado las doce.

Murmuró algunas palabras incoherentes y alargó la mano... Otra mano tomó la suya. Amaury abrió los ojos y lanzó un grito de terror. Una mujer estaba a su lado. ¡Magdalena! exclamó. ¡Ay! no respondió una voz; es Antoñita.

El gran terror de los piratas del Norte, la vida temblorosa de la sombría Edad Media, apagan todo eso, cuidándose de auxiliar los desembarcos. El mar hase convertido en objeto de terror: todo barco es un enemigo, y si se estrella, una presa. El pillaje del náufrago constituye una de las rentas del señor: es el noble derecho de fractura.

El trágico mueve á terror y misericordia; el cómico mueve á risa. El trágico busca casos terroríficos para conseguir su fin; el cómico trata acontecimientos ridículos: ¿cómo queréis concertar estos heráclitos y demócritos? Desterrad, desterrad de vuestro pensamiento la monstruosa tragicomedia, que es imposible en ley del arte haberla.

Llegó á tener un verdadero terror de los niños, que habían concebido, gracias á las conversaciones de sus padres, una vaga idea de que había algo horrible en esa triste mujer que se deslizaba silenciosa por las calles de la población, sin otra compañía que su única niña.

Palabra del Dia

ferpierre

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