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No deje Vd. de ir, compañero; esa señora es una potencia. Con lo cual a la hora marcada se presentó en casa de la Condesa, que le recibió en un espacioso gabinete seriamente alhajado donde a vueltas de mucha severidad había detalles que acusaban a la mujer elegante.

Esperaba no encontrar á su madre por tener esta la costumbre, siempre que se iba á Manila, de ir á esa hora á una vecina casa donde se juega panguingui. Pero Cabesang Andang le aguardaba para comunicarle su proyecto: ella se valdría del procurador de los agustinos para hacer entrar á su hijo en gracia de los dominicos. Plácido le cortó la palabra con un gesto.

Los que por el estudio se habían emancipado del error y las supersticiones, comprendieron que la ciencia, el trabajo y la unión fraternal podían sólo aumentar el poder de la humanidad y hacerla triunfar definitivamente de la influencia del pasado; pero los soldados groseros, héroes contra el buen sentido, iban buscando en el pasado legendario esa gran era de renovación que se abría precisamente por las conquistas de la observación y la negación del milagro; tenían necesidad de un símbolo material para creer en el progreso, y este símbolo era el de la fuente, en donde los miembros del anciano recobraran la fuerza y la belleza.

No será el primero, como usted me enseña dijo Trampeta riéndose de la chuscada . Ya entiende por quién hablo.... ¿eh? ¡Ah!, , la muchacha ésa que vivía en la casa antes de que Moscoso se casase, y de la cual tiene un hijo.... Ya ve usted cómo me acuerdo. El hijo... el hijo será de quien Dios disponga, señor gobernador.... Su madre lo sabrá..., si es que lo sabe.

Un hombre extraño le ha mandado morir, y ha muerto. Un hombre extraño ha robado aquel hijo á su madre; á esa madre que lo ha concebido, que lo ha criado, que lo amaba con todas las veras de su corazon, que se estaba mirando en él como en un espejo.

Mira, aprende dijo Elías, volviéndose hacia Lázaro; mira á esa santa; aprenda lo que es nobleza, generosidad, virtud. No dijo ella bajando los ojos. Que no tome por modelo á esta pecadora. Aprende, Lázaro exclamó con exaltación el fanático. Aquí tienes á la misma virtud. La santa hizo una gran reverencia y se marchó, dejando solos al tío y al sobrino. #Los disidentes de la Fontana#.

Antes de que Ricardo encontrara la fórmula de una respuesta presentable, la Pampita tuvo la amabilidad de decirle: ¿Podría preguntar, sin indiscreción, por qué me ha hecho usted esa pregunta? ...Porque... me parecía haberla visto allá... ¿Cuándo?... ¡«Cuándo»! repitió para Lorenzo, pensando al mismo tiempo: «¡qué preguntas formula esta muchacha!...»

En Filipinas no hubo necesidad de adoptar esa medida mientras duró su comercio con Nueva-España, porque entonces recibian aquellas islas anualmente un millon ó mas de pesos mejicanos y el situado de 250,000, y ademas de esto los negocios que se hacian durante esa época sobre frutos naturales é industriales del pais eran casi insignificantes; y si aun en el dia circula en Filipinas la moneda suficiente para entretener el tráfico esterior, esto procede de que las ventajas que este ha sacado del comercio con todas las naciones de Europa, cuya balanza está á su favor, son mayores que las pérdidas de dinero que hace en su comercio con la India y China, y ademas la admision de los pesos de todas las repúblicas de América, habilitados por medio del resello en Filipinas, han estacionado esta moneda en las Islas, cuya medida le es provechosa.

Todos, pues, cooperaron con celo y desinteres al logro de establecer esa comunicacion semanal, tan útil y ventajosa por tantos títulos para el gobierno y para el comercio.

El cleriguillo había perdido su amabilidad; sus ojuelos expresaban el mayor despecho; su labio inferior, masa informe y pendiente, le temblaba por la rabia de la contrariedad y del desengaño. ¿Está lejos esa calle, señor? ¿Está lejos? El cura miró á Clara con desdén, hizo un gesto despreciativo, y entró diciendo: , chica: está lejos, muy lejos.

Palabra del Dia

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