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El viejo no podía admitirle en su casa. Entonces, ¿qué determinación debía tomar? ¿Adónde iba? ¿Volvería á Ateca? ¿Y Clara? Al acordarse de su infortunada compañera, los pensamientos del joven tomaron otro sesgo. La idea de los pesares de aquella infeliz, condenada á vivir con un ser tan antipático, principió á atormentarle.

No hace mucho que se pronunció en este mismo aposento: os escuchaba... desde esa ventana; os oía á vos, al padre Aliaga, al tío Manolillo. ¿Doña Clara? Eso es... doña Clara Soldevilla. ¿Pero es cierto que él la ama? Podréis juzgar de ello dentro de poco. ¡Cómo! ¿vos podéis procurarme?...

Doña Clara se puso encendida. Además dijo la reina, que había quedado pensativa ; podemos contar con otra persona más importante de lo que parece... ¡Una persona importante! Importantísima. ¿Y quién es esa persona? Ven, ven dijo la reina , trae una bujía. Y marchando delante de doña Clara, fué á su dormitorio. Aquí hay una puerta dijo la reina señalando un lugar de la tapicería.

Clara tiene trastornada la cabeza, y por eso quiere ser monja de repente. ¿Qué vocación ha de tener, cuando me consta que estaba, que está aún, enamorada de ese muchacho rondeño, con quien podría ser felicísima? Aquí hay algún misterio abominable. Algo se ha hecho para infundir el delirio en Clara y perturbar su natural despejo.

, ; ¿y no os han dicho lo mismo los ojos de doña Clara? ¡Ah, , !, pero al decirme sus ojos soy tuya, había en ellos alegría, confianza. ¡Pureza! ¡decidlo de una vez! ¡y en los míos debió de haber dolor, vergüenza! ¡Dorotea! ¿por qué os he visto? ¡Por qué! porque Dios es bondadoso y justo, porque Dios sabía que mi alma estaba sedienta de amor y en vos me lo ha dado.

No he de ser yo, por cierto interrumpió el fraile , quien disimule ó atenúe lo difícil de la situación y la verdad que hay en lo que dices. Convengo contigo. la nobleza de alma de Clara. Si ella supiera quién es... pero no, mejor es que no lo sepa. ¿Qué piensa V. que haría si lo supiese? Sin vacilar... Clara se retiraría á un convento.

Don Juan inclinó la cabeza y no supo qué responder. Estaba seguro de que no podía engañar á Dorotea, porque ésta sabía demasiado que él amaba, que él no podía dejar de amar á doña Clara.

TIMBAL DE PATATA. Cocidas en agua y sal las patatas enteras se pelan y pasan por el prensa-puré; se agrega sal, yema de huevo y mantequilla; cuando está muy fina la pasta se agrega clara batida a punto de nieve.

¿No me amáis?... dijo con impaciencia doña Clara... pues si me amáis ¿á qué esa obstinación?... ¿dudáis acaso de ?... ¿amáis acaso á otra, á causa de esa facilidad que tenéis de enamoraros en dos minutos?

Clara se marchó muy á prisa y volvió á poco rato, entrando en la habitación inmediata: traía una jofaina, que puso sobre la mesa, y llamó al militar, que no tardó en acercarse. ¿Y tiene familia? dijo éste tocando el agua con la mano para ver si estaba muy fría. ¿Familia? contestó Clara con su naturalidad acostumbrada. No: me quería mucho.

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