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Á lo cual respondió Ratón Pérez profundamente conmovido: Dios se las á V. M. muy buenas. Y con estas corteses razones, quedaron Buby y Ratón Pérez los mejores amigos del mundo. Conocíase á la legua que era éste un ratón muy de mundo, acostumbrado á pisar alfombras y al trato social de personas distinguidas. Su conversación era variada é instructiva y su erudición pasmosa.

El duque de Uceda es tan mal hijo como lo he sido yo. Dios le castigará como me ha castigado á . En cuanto al príncipe... Decid, decid... El duque le trae algunas noches. Su alteza se alegra cuando me ve y me abraza y me besa, y me dice que cuando sea rey yo seré lo que quiera ser. ¿Pero el príncipe está ya pervertido?

Pobre pintor de costumbres, aténgome á mi oficio: copiarlas como Dios me da á entender y hasta grabarlas en mi corazón.

Nunca se conoce bien uno a mismo y no estaba muy seguro de la cara que pondría ante cincuenta mil francos de renta. Usted ha pulsado mi honor que ¡gracias a Dios! ha respondido bien... ¿El señor de Villanera ofrece el capital o sólo la renta? A elección de usted, señor duque. Yo he elegido la miseria, ya lo ha visto usted. ¡Pero cuando yo le decía que la Fortuna era una caprichosa!

24 Mas de ninguna cosa hago caso, ni estimo mi vida preciosa para mismo; solamente que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del Evangelio de la gracia de Dios. 25 Y ahora, he aquí, yo que ninguno de todos vosotros, por quienes he pasado predicando el Reino de Dios, verá más mi rostro.

Que hubiese guerra en los tiempos bárbaros y de atraso, en los cuales era preciso valerse hasta de la fuerza para hacer conocer al hombre cuál era el Dios a quien había de adorar o el rey a quien había de servir... nada más natural.

Quedó en el fuerte por su Lugarteniente el señor D. Alvaro de Sande, Coronel de la infantería española, y así habiendo quedado con él todos los capitanes y soldados muy alegres y contentos por hallarse en semejante empresa contra los infieles enemigos de Jesucristo, y esperando la victoria con el ayuda de Dios, y de cobrar lo perdido.

A la piedra negra de la Caaba se refieren desde los postreros días de la vida del Profeta una porcion de ritos y ceremonias que pueden verse prolijamente detalladas en las eruditas notas de Gagnier, edicion de Abulfedá, pág. 130, copiando la interesante relacion de Gjaher, hijo de Abdallah, testigo presencial de la última visita de Mahoma á la casa de Dios.

Y ahora, lector, volvemos á bajar la escalerita, llegamos al salón de la escuela, y ... ¡válgame Dios, qué cisco han revuelto aquellos motilones!

No estaba satisfecho con Dios ni con su mujer ni con sus hijos. Tampoco estaba satisfecho del tiempo. 10 Cuando hacía frío decía: Hace frío; este tiempo no es bueno para mis viñas. Cuando llovía, exclamaba: Llueve demasiado; el tiempo está muy húmedo. Debemos tener sol. Cuando hacía sol, tampoco estaba satisfecho.