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Es evidente que para producir en el órden intelectual, es necesario entender ya: y por consiguiente en el momento inicial de toda inteligencia, no puede ponerse la accion productiva, sino la intuicion del objeto.

¿Ni cómo habían de entender las quintas esencias y los refinamientos amorosos y místicos que gastan los poetas y algunos de sus héroes, y los discreteos, delicadezas y finuras de sus galanes y de sus damas?

Yo, con todas las perífrases cultas que me inspiró la cortesía, les á entender que los pareceres de ellos se me antojaban igualmente disparatados y que era menester buscar un término medio. ¿Y quién le busca? dijeron ambos. Todos contesté yo pero nadie le ha encontrado todavía.

Quería proporcionarle a su hija todo lo que se consideraba un bien en la aldea; y escuchaba con docilidad, a fin de llegar a entender mejor lo que era esa vida, de la que había permanecido alejado durante cinco años, como si hubiera sido una cosa extraña con la que no pudiera tener nada de común.

El padre había intervenido sólo en los primeros días para tratar de disuadir a D. Acisclo de que se mezclase en elecciones; pero D. Acisclo no se dejaba convencer por nadie, y cuando lo reconoció así su sobrino, se retrajo, se calló, y no volvió a dar a entender ni siquiera que sabía en qué maremágnum andaba engolfado su tío.

Mas abajo, respondiendo á una dificultad de Escoto, llamado el doctor sutil, añade, «Para entender se necesita entendimiento é inteligible.

Entender no es querer; se puede entender una cosa sin quererla; con el mismo acto de inteligencia en varios tiempos, ó en distintos sujetos, pueden enlazarse actos de la voluntad, no solo diferentes sino contradictorios: querer y no querer, ó sea inclinacion y aversion.

Marcharon, pues, como Dios les dió á entender; pero no pudieron hacerlo diez ó doce, cuya embriaguez era absoluta, por lo que se quedaron en el Monasterio durmiendo la borrachera.

Con lo que quedó tan contento Sancho cuanto el cura admirado de su simplicidad, y de ver cuán encajados tenía en la fantasía los mesmos disparates que su amo, pues sin alguna duda se daba a entender que había de venir a ser emperador.

En esto del tamaño de un breviario Volando un libro por el aire vino, De prosa y verso que arrojó el contrario. De verso y prosa el puro desatino Nos dió á entender que de ARBOLANCHES eran Las Avidas pesadas de contino. Unas Rimas llegaron, que pudieran Desbaratar el esquadron christiano, Si acaso vez segunda se imprimieran.