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Pero no puedo pensar qué es lo que vio esta doncella en vuestra merced que así la rindiese y avasallase: qué gala, qué brío, qué donaire, qué rostro, que cada cosa por déstas, o todas juntas, le enamoraron; que en verdad en verdad que muchas veces me paro a mirar a vuestra merced desde la punta del pie hasta el último cabello de la cabeza, y que veo más cosas para espantar que para enamorar; y, habiendo yo también oído decir que la hermosura es la primera y principal parte que enamora, no teniendo vuestra merced ninguna, no yo de qué se enamoró la pobre.

1150 Al que es amigo, jamás lo dejen en la estacada, pero no le pidan nada ni lo aguarden todo de el: siempre el amigo más fiel es una conducta honrada. 1151 Ni el miedo ni la codicia es güeno que a uno le asalten, ansi, no se sobresalten por los bienes que perezcan; al rico nunca le ofrezcan y al pobre jamás le falten.

El pobre anciano me dirigía miradas tristísimas, tenía húmedos los ojos, y le temblaba la voz. Traté de consolarle, y él me interrumpió: ¡ que has de decir! Me quieres, me amas, me respetas, y deseas consolarme. ¡Gracias, hijo mío! ¡Gracias! ¡Resígnate con la voluntad de Dios! El vela por sus criaturas.

¡Juera con ella, que se vaiga á cuidar la puchera! añadieron por todas partes voces que nada tenían de suaves para la pobre mujer, que en vano gritaba para que se reconociese su supuesto derecho de hablar en aquel concejo.

Si no tememos á pesar de la lluvia y el viento huracanado, detenernos en la orilla, protegidos por el pobre abrigo que ofrece el tronco de un sauce, veremos con cuánta rapidez puede aumentar el caudal del arroyo, cómo se aumenta la velocidad de su corriente, llena su cauce hasta los bordes y, salvando las orillas, inunda los campos cultivados.

Y allí, encogido, temblando á un mismo tiempo de frío y de miedo, se puso á llorar sin saber por qué lloraba, porque el pobre cocinero mayor en aquellos momentos había perdido la conciencia de todo. Pero pasó algún tiempo, y con el frío de la noche, con la lluvia, con el viento, afectado de una manera externa, fué volviendo al uso de sus facultades, recordando, apreciando su situación.

Mañana, seis hombres vestidos de negro, seis jueces, pronunciarán sentencia de vida o muerte, sobre nuestra pobre enferma. ¡Terrible tribunal, encargado de adivinar los fallos de Dios! »He ordenado que me avisen su llegada.

Al llegar a esto del barco averiado, el lenguaje de la pobre señora, más que lenguaje, era un sollozo continuo. Rosalía, casi tan apenada como ella, la incitó a que explicara el motivo de tanta desdicha, para ver si, conocido de una manera clara y concreta, era fácil buscarle remedio. Mas la marquesa no supo o no quiso exponer su conflicto en términos categóricos.

Mi buen tío Pedro, á pesar del deplorable estado en que se encontraba, me encomendó tanto que era necesario que recibierais cuanto antes esta carta, que ensillé á Cascabel, creyendo que podría tirar todavía de una jornada, y á duras penas he podido llegar al obscurecer. ¡El pobre jaco está tan viejo! ¿Y cuándo salísteis de Navalcarnero, sobrino? Antes del amanecer. ¡Diez horas para cinco leguas!

La iglesia que está contigua al cementerio, es tan modesta como poco espaciosa, la compone tres pequeñas naves, el coro y una tribuna cerrada de reciente construcción. Lo que constituye la dotación del culto externo, mas que pobre, es escaso; la ornamentación es churrigueresca, y el busto estatuario, tanto en líneas, como en expresión y detalles, es detestable.