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Pues chico, que se arme; pero pon remedio. ¿Tendrás medio de averiguar?... ¿Qué más quieres saber? ¿No te digo que andan tras ella sin que les rechace? ¿que se ponen a charlar con ella en cuanto llegan? Por supuesto que, según Lozano, la mitad de las señoras van allí a eso.

21 Le dice Jesús: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. 22 Y oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. 23 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que el rico difícilmente entrará en el Reino de los cielos.

Ahora se ha descubierto que el tal don Ramón no compraba papel, y cuando le daban una cantidad con tal destino la dedicaba a la Bolsa, cuidando de entregar los intereses al cliente, como si en realidad existiesen los títulos. ¿Quieres saber que hay de esos tres mil duros? Pues que los has perdido. ¿No me dijiste que tu novia le entregó ocho mil reales? Pues los has perdido también.... ¡Cristo!

Imagina, pues, cuán hondo será mi dolor cuando en ti, que te llamas ahora el doctor Seelenführer, acabo de reconocer a mi Sidarta, a mi Sakiamúni y a mi Bagavat, porque todos estos nombres te dábamos. no caes en ello; pero no lo dudes: fuiste el Buda y quieres volver a serlo.

Que me hace falta leche, una vaca humana, ¡zas!, si no quieres dar de mamar de grado a mi chiquillo, le darás por fuerza. Pero le estoy escandalizando a usted. Usted no piensa como yo, de seguro, en cuestiones sociales. No señor; no me escandalizo contestó apaciblemente Julián . Al contrario.... Me dan ganas de reír porque me hace gracia verle a usted tan sofocado.

Ella, que es muy buena, te ha de querer mucho, y no la darás ningún disgusto, ¿verdad? Ya te conoce por el retrato... Y la conocerás muy pronto a ella... ¿Quieres conocerla ahora mismo?

Mientras la tripulación se retiraba precipitadamente hacia la playa, para estar pronta a embarcarse, el Capitán, con el fusil cargado en la mano, se acercó al salvaje, que le miraba insolentemente, como si estuviera seguro de propio. ¿Qué quieres? le preguntó, empleando el mismo lenguaje de que el antropófago se había antes servido.

Empiezo por rogarte que me perdones cuantas frases desagradables me hayas oído desde que llegaste a Madrid: todo lo que te haya molestado, como si no lo hubiera dicho. Bueno, ¿y qué? ¿Quieres prestarte a que vivamos todos en buena armonía? Por mi parte estoy dispuesto a todo género de sacrificios.

Hasta entonces dejadme solo. Tristán le miró con asombro. Pero ¿qué piensas hacer? Nada. ¿No quieres castigar a ese miserable? No. Entonces voy yo a provocarle. Nada. No hagas nada, Tristán. En este mundo todo es nada, ¡nada, nada!

Pero yo no quiero que mueras, grandísimo majadero. Yo te ordeno que sigas viviendo, y debes obedecerme... Imagínate que soy tu padre... Tu padre no, porque murió siendo niño... Hazte cuenta que soy tu madre, tu vieja mamá, á la que tanto quieres, y que te dice: «Obedece á tu amigo, que es lo mismo que si me obedecieses á

Palabra del Dia

esopo

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