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Y me respondieron que se llama la Cruz del Negro. ¿Podéis decirme, señorita, por qué se le ha dado un nombre tan extraño? No lo contestó Rita . Quizá será porque habrán crucificado en ella a algún negro. Sin duda así es dijo el barón ; sería en tiempo de la Inquisición.

A la hora de la ejecución en la plaza, algunos tiradores penetran hasta su habitación, y en la cama lo traspasan a balazos, haciéndole morir en medio de las llamaradas de las incendiadas sábanas. El coronel Barcala, el ilustre negro, fué el único jefe exceptuado de esta carnicería, porque Barcala era el amo de Córdoba y de Mendoza, en donde los cívicos lo idolatraban.

Cubre mi frente sombría Capúz de melancolía, Funeral, Y trae hasta el viento De la campana el acento Sepulcral. Pronto en el negro horizonte De nubes inmenso monte Se alazará: El Señor que las concita El relámpago vomita ¡Hosaná! Yo sobre la cruz pondré Una purísima flor, Y por derramaré En una gota de La esencia de mi dolor.

14Desde el Rio Negro al Colorado pueden muy bien navegar chalupas, y barquear de una parte á otra víveres y algunos útiles, teniendo agua en el paraje

Y vi, pacíficamente sentado a mi lado, un individuo corpulento, todo vestido de luto, con sombrero de copa, las manos enguantadas de negro, apoyadas en el puño de un paraguas. No tenía nada de fantástico.

Vamos a ver vivir, como viven en sus países de luz, al javanés en su casa de cañas, al egipcio cantando detrás de su burro, al argelino que borda la lana a la sombra del palmar, al siamés que trabaja la madera con los pies y las manos, al negro del Sudán, que sale ojeando, con la lanza de punta, de su conuco de tierra, al árabe que corre a caballo, disparando la espingarda, por la calle de dátiles, con el albornoz blanco al viento.

Soltó el obrero el cáñamo, parose la rueda, y el que la movía salió lentamente del fondo negro, plegando los ojos a medida que avanzaba hacia la luz. Era un muchacho hermoso y robusto, como de trece años.

Se preocupaba algunas veces de las galas de su hija; quería verla elegante, y la aconsejaba mirando los periódicos de modas, con la misma bondad con que una persona mayor discute con un niño sobre juegos. Iba siempre vestida de negro, con telas pobres y sin brillo. Pepita notaba en sus ropas interiores un abandono, una rudeza, que algunas veces llegaba á rebasar los límites de la higiene.

Un negro horrible, que despedía un fuerte olor a amoníaco, se había presentado de pronto, saliendo de detrás de una escollera que se prolongaba hacia la orilla septentrional de la bahía. Era de poco más que mediana estatura; pero tan extraordinariamente enjuto, que se le podían contar las costillas.

El Caballero se sienta solo en un banco que hay frontero al hogar, y permanece abatido y sombrío, con los ojos en la hoguera de sarmientos que levanta sus lenguas de oro hacia el fondo negro y brujo de la chimenea, donde resuenan las risas del viento. Los mendigos se agrupan al otro lado, y hablan en voz baja. Calentaos, ya que sólo puedo ofreceros el techo y la lumbre.

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