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Las necesidades que el hombre se crea al contraer matrimonio, son muchas: los hijos pueden aumentar demasiado, y todo debe mirarse. Yo no necesito casarme por interés. Tengo una carrera bastante lucrativa. Mis padres me han de dejar también alguna hacienda... ¿Quieres preguntarle si le he sido antipático en las pocas veces que he hablado con ella, y si consiente que me presenten en su casa?

SALSA DE ALMENDRAS CON YEMA. Se machacan en el mortero almendras tostadas, perejil y yemas de huevo duro, se hace la salsa, y se sirve con pescados. SALSA BLANCA. Se rehoga con manteca una cucharada de harina; sin dejar de moverlo se añade leche y sal, y cuando está cocida, fina y bastante espesa, se sirve.

La biblioteca, la palma, el plátano no existen: ¿cómo al convencernos de que habian desaparecido podiamos dejar de caer en el abatimiento y en la melancolía? Tantas calamidades, nos dijimos, habrán minado esta ciudad hasta por sus cimientos: ¡ay! ¿quién sabe si habrá siquiera vestigios de los pueblos que han venido á chocar y á destruirse en ella?

Se añade igual cantidad de almendras dulces hechas pasta, y concluida la mezcla se hace un merengue redondo u ovalado del tamaño de una cuchara, teniendo cuidado de dejar un vacío en medio de cada uno; se espolvorean con azúcar muy fina y se mete al horno; cuando han levantado, se sacan, se les pone dentro la crema de Chantilly muy batida, y se cubren con la otra mitad.

Hablé á dicho Capitan comandante, animándole á la secuela de nuestro fluvial viage, haciéndole presente, qué dirian de nosotros en asunto de tanto honor. Que despachase á Salta por comestibles; que sentia hubiese arrojado el barco y canoa sin dejar custodia alguna, que nos mantuviesemos en aquel fuerte.

Si en aquel momento se le hubiera presentado su tío, reprendiéndole con su impertinencia acostumbrada, Lázaro le hubiera atropellado, le hubiera maltratado, hiriéndole tal vez. Al fin llegó á la puerta, trató de recobrar su serenidad, abrió y bajó. Una vez en la calle, sintió el corazón tan oprimido, que le fué imposible dejar de llorar.

¡Y con él! interrumpió Ricardo. A él le bastaría con bajarse y dejar a la máquina en libertad.

La muerte del cura de Aranjuez, sin dejar de formar en mi alma un gran vacío, me era menos sensible de lo que a primera vista pudiera parecer, porque conceptuándola yo como tránsito que había llevado un nuevo santo a las falanges del Paraíso, consideré a mi amigo en su verdadero lugar, y no tan lejos de nosotros que pudiera desampararnos si le invocábamos.

Vamos, seguid, y no os hagáis de rogar, don Francisco dijo una voz irritada y breve, á pesar de lo cual Quevedo conoció por aquella voz á la Dorotea. ¡Ah, reina mía! ¿y á dónde bueno por aquí? No lo . ¿Que no lo sabéis? No. Llevo la cabeza hecha un horno. Más bien creo la lleváis hecha una olla de grillos. He tenido que dejar la litera; me mareaba dentro, me moría. ¿Pero qué os ha sucedido?

Dio la vuelta a toda ella el sacerdote, subió algunos pasos por una calleja sucia, y se encontró con una misérrima fábrica hecha de piedras del río sin labrar apenas, con una puerta desvencijada. Estaba cerrada, y a nadie vio por allí delante. Iba a dejar aquel sitio y volverse a la casa, cuando detrás del establo oyó ruido de voces.

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