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Al fijarse Urquiola en el libro que asomaba á un bolsillo del millonario, habló del mérito de la obra. ¿Le gusta á usted, tío? ¿Verdad que es muy profunda? Pues el segundo tomo todavía es mejor. Y antes de que el tío pudiera contestar, Urquiola se dirigió á Aresti, como si sólo por él hubiese hablado del libro.

Ella misma no me recibirá dijo: esto ha sido una casualidad. Tiene cara de sufrir mucho ... en compañía de esa fiera, sin ver á nadie ni hablar con nadie.... Maquinalmente se dirigió otra vez á la casa, y continuando su soliloquio, decía: Tal vez la riña por haber hablado conmigo; tal vez, aparentando distracción, oyó cuanto me dijo, se habrá ofendido y la maltratará.

He hablado ya, en otro lugar, de las supersticiones que los dominan con respecto á las enfermedades, y de la bárbara conducta que estas supersticiones los obligan á observar para con los enfermos.

¿Y... cuándo pensáis casaros con mi amigo? Si él consiente... pronto... muy pronto. ¿Será cosa de prepararlo para que no le haga mal el susto? ¡Oh! no, no tanto. Y os agradecería que me hiciéseis un favor. ¿Cuál? ¿Me dais vuestra palabra de que me lo concederéis? Dóiosla y ciento, mil. No digáis una sola palabra de lo que hemos hablado de él á vuestro amigo. Otorgo. Y quisiera que...

En efecto, no se veía ya en el camino ninguna de las señales de agitación de que había hablado Juana, y era probable que Godfrey, en vez de seguir por la carretera, volviera más bien cortando los campos.

El conde de Cotorraso montó en cólera al saberlo: ¡Y piden libertades y derechos para estos beduínos! Que los hagan honrados, agradecidos, decentes ... y luego hablaremos. Por la misma ley de afinidad electiva de que hemos hablado más arriba, Raimundo se encontró paseando con un personaje que se despegaba un poco del resto de aquella sociedad.

-Nunca he visto yo escudero -replicó el del Bosque- que se atreva a hablar donde habla su señor; a lo menos, ahí está ese mío, que es tan grande como su padre, y no se probará que haya desplegado el labio donde yo hablo. -Pues a fe -dijo Sancho-, que he hablado yo, y puedo hablar delante de otro tan..., y aun quédese aquí, que es peor meneallo.

Maltrana le había hablado algunas veces del apetito insaciable de don José, de la prontitud con que acudía al comedor apenas sonaba la trompeta, de la profusión con que recolectaban sus manos emparedados y galletas en las bandejas a la hora del , del entusiasmo con que elogiaba la abundancia nutritiva a bordo del Goethe.

, señor... y si no, ¿por qué ha dado de estocadas vuestro sobrino á don Rodrigo Calderón? Han sido asuntos suyos... Pues mirad, tiene muy malos asuntos vuestro sobrino. ¡Bah! ¡no tan malos como creéis! Pero en fin, ya que habéis hablado de mi sobrino, por él venía, porque supongo que habrá pasado aquí la noche.

Te pregunté si habías hablado hoy con mi confesor, porque el bueno del padre Aliaga, aunque más embozada y respetuosamente, aprovechándose de que el duque tenía un banquete de Estado, me ha tenido toda la tarde el mismo sermón.

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