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Esta proximidad había sido siempre una exigencia de doña Paula. Ella habitaba el segundo piso, a sus anchas; no quería ruido de curas y frailes entrando y saliendo; pero tampoco consentía que su hijo, su pobre Fermín, que para ella siempre sería un niño a quien había que cuidar mucho, durmiese lejos de toda criatura cristiana.

Don Mariano adivinó el motivo de aquella visita. Se quería distraerlos para que no percibiese el ruido que habían de hacer los hombres al sacar el cadáver de casa.

Sin hacer ruido, llegó don Paco a la casilla y vio que la puerta estaba cerrada con cerrojo que había por dentro. La luz salía por un ventanucho pequeño, donde en vez de vidrio había estirado un trapo sucio para resguardo contra la lluvia y el frío. Con el estorbo del trapo no se podían ver los objetos de dentro; pero don Paco se aproximó y reparó en el trapo tres o cuatro agujeros.

Repito que es una opinión particular y que, como tal, la expongo; pero abrigo la confianza de que será muy pronto una verdad universalmente aceptada. La verdad es, Isidorito, que a no acaba de entenderme. Anteayer pasé todo el día con un ruido en la cabeza, como si estuviese tocando dentro de ella una banda de tambores.

Solamente que este ruido del Carnaval me empacha un poquillo, ¿sabes? Manolo, como de costumbre, no le preguntó por Soledad. Sería delicadeza ú orgullo, pero es lo cierto que jamás lo hacía. Recorrió las calles más animadas sin que las contorsiones grotescas ó los gritos desapacibles de las máscaras que tropezaba provocasen una débil sonrisa en su rostro taciturno.

La doncella que á la mañana siguiente entró en el dormitorio de la condesa de Trevia hizo el menor ruido posible al entreabrir los balcones. Dirigió una mirada triste y compasiva al lecho de su señora y salió sobre la punta de los pies como había entrado.

Yo tenía la cabeza loca del ruido de los martillos de Londres, y venía maldiciendo la ingrata tierra en que el hombre para poder vivir necesita hacer clavos, bisagras y cacerolas. ¡Bendita tierra esta, donde el sol alimenta y donde lleva la atmósfera en su inmensa masa ignoradas sustancias!...

El empuje de este vértigo reformista derribaba sus apiñadas viviendas y secaba los fondeaderos tradicionales de sus lanchas; pues se echaban al hombro los pobres harapos de su ajuar, buscaban otro agujero en que meterse con ellos y un nuevo sitio en que fondear sus embarcaciones, sin volver la vista atrás, ni dárseles una higa por todo el ruido y aparato de la nueva civilización que los iba acorralando poco á poco.

Cuando se hubo perdido el ruido de sus pisadas, el padre Aliaga llamó y se presentó el lego Pedro. Que pongan al instante la silla de manos. Algunos minutos después, dos asturianos conducían á palacio al padre Aliaga. Había cerrado la noche y seguía lloviendo. En el mismo punto en que el confesor del rey salía del monasterio de Atocha, salía del de las Descalzas el cocinero mayor.

Con que calle usted, y procure no hacer ruido con esos taconazos.... Vamos, ya puede usted retirarse.... Señoras, buenas noches. Aun no había dado un paso, cuando Clara apareció muy alterada, diciendo: Señoras, vengan ustedes, que se quiere salir de la cama ... No la puedo sujetar. En cuanto sintió esta conversación, se levantó muy á prisa, diciendo que venía acá. ¡Ah!