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Se alzaron dos verticales sobre las cabezas: el brazo del sacerdote trazó en el aire un signo, el sable del jefe del piquete relampagueó al mismo tiempo lívidamente... Un trueno seco, rotundo, seguido de varias explosiones tardías. Sintió lástima don Marcelo por la pobre humanidad al ver las formas grotescas que adopta en el momento de morir.

Ni por las mientes se le pasaba reflexionar sobre su situación. ¿Era aquello pecado? ¿Era aquello amor del que está prohibido a un sacerdote? Ni para bien ni para mal se acordaba don Fermín de tales preguntas. Peor para ellas si se hubiera acordado.

¡Ah! hasta la muerte... ¡Vamos!... ¡adiós!... El reloj de San Francisco dio las doce. Cada campanada vibraba de un modo desgarrador en el corazón del pobre niño; a la última, cayó desvanecido. El gitano lanzó un grito, el sacerdote acudió corriendo y el carmelita también. ¡Virgen santa! ¿qué tiene su compañero? preguntó el guardián. Nada; la emoción que le ha producido el oír tan grandes pecados.

2 Y será como el pueblo, tal el sacerdote; como el siervo, tal su señor; como la criada, tal su señora; tal el que compra, como el que vende; tal el que da prestado, como el que toma prestado; tal el que da a logro, como el que lo recibe. 3 Del todo será vaciada la tierra, y enteramente saqueada; porque el SE

Valerse de la autoridad del sacerdote para escudriñar un corazón que como amante no podía sondar, utilizando su sagrada investidura en sorprender los secretos que le estaban vedados como hombre.

16 Y el sacerdote ungido meterá de la sangre del novillo en el tabernáculo del testimonio. 17 Y mojará el sacerdote su dedo en la misma sangre, y rociará siete veces delante del SE

Estuvo por allá toda la tarde, y vino muy de noche ya. Mientras tanto, la señorita había tenido dos ataques; ella la había asistido, porque no quiso que se llamase al médico. El sacerdote se encerró en su habitación. La señorita me mandó llamarle, pero no quiso acudir hasta que le fui a decir que estaba con un ataque.

Entonces son las matanzas de septiembre y la exposición en el mercado de pirámides de cabezas humanas. Quedaban en La Rioja, no obstante de la orden de Facundo, una niña y un sacerdote: la Severa y el padre Colina.

Descendió don Pablo, de un gran landó, dando su mano a un sacerdote grueso, de cara sonrosada, con hábitos de seda que relucían al sol. Luego que se convenció de que el acompañante había descendido sin ningún contratiempo, atendió a su madre y a su esposa, que bajaron del carruaje vestidas de negro, con la mantilla sobre los ojos.

25 el sacerdote la mirará; y si el pelo se hubiere vuelto blanco en la mancha, y pareciere estar más hundida que la piel, es lepra que salió en la quemadura; y el sacerdote lo dará por inmundo; llaga de lepra es. 26 Mas si el sacerdote la mirare, y no pareciere en la mancha pelo blanco, ni estuviere más baja que la tez, sino que está oscura, le encerrará el sacerdote por siete días;

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