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En el mismo instante se presenta una criada con luz: ambos se quedan sorprendidos, y, mientras el Condestable sale para averiguar si está todo cerrado, huye Blanca por la puerta secreta, temiendo la venganza de su esposo. Acto tercero.

Me quedé a su lado. La herida que tenía en la cara era leve. Usted, . Vayase. Escápese usted me dijo Allen. No, no le abandono. Hay testigos aquí de lo que ha pasado. Vayase usted. Si se escapa me puede usted servir mejor desde fuera de la cárcel que de dentro. Tome usted el dinero que me queda. Si llega usted a Francia, escriba usted a la criada vieja de casa de Sandow.

Al hacerlo sintió vergüenza y comenzó a darse alguna cuenta vaga de las emociones que embargaban su espíritu. Una hora larga esperó de aquel modo, percibiendo el rumor confuso de las voces, en el cual nada podía distinguir, ni siquiera cuál era la de su esposa y cuál la de la criada. Al cabo observó que salían del comedor.

A su lado estaba la Baronesa de Börne, tratando también de hacer algo, cuidadosa y locuaz, y cuando llamaron a la criada, poco faltó para que la siguiera. Dos, tres veces tuvo Ferpierre que repetir sus preguntas a la pobre mujer, a tal extremo se encontraba ésta trastornada por el dolor.

Debéis saber que Marta tiene principios muy severos respecto de la virtud de las mujeres, y que, su corazón es todavía puro y sencillo como el de una niña de veinte años. ¡Cómo! pretenderíais hacerme creer... Es muy natural, señor. Ha sido criada en un convento y no salió de él más que para casarse con un hombre viejo ya, que ella no conocía casi.

Un día en que su criada, la misma á quien toleraba tan extrañas familiaridades, le contestó no qué insolencia, se arrojó á ella, la tiró al suelo y por poco la hiere gravemente. En aquellos momentos, decía, sería capaz de matar y no tendría miedo á un hombre.

He resistido los amores de unos por muy altos y de otros por muy bajos; resistiré este también. ¿Cree vuestra majestad que á los veinticuatro años y criada en la corte, no habré tenido ocasión de resistir tentaciones? , ; ya que eres una mujer fuerte... una maravilla, y esto es una de las razones del amor que te tengo, Clara.

Almorzaron en el palacio, y gracias á esta circunstancia hubo conversación en la mesa. Poco después de tomar el café, Matilde rogó que sacasen los caballos de la cuadra, pues había dejado á los pequeños con la criada y estaba inquieta.

¿Usted ha visto a la criada? ¿Una mujer gruesa? Enorme. Vaya, no será nada dijo el señor Le Bris . Querido señor Stevens, es la hora del desayuno y usted hará muy bien en acompañarnos. La muerta está perfectamente, yo se lo aseguro. El señor Stevens, hombre grave, no comprendió la ironía. El doctor añadió: ¿La ley inglesa castiga a los que prometen suicidarse y no cumplen su palabra?

Yo tenía algunos años más que mi hermana, y me dejó en su casa con el propósito de establecerme un día a su capricho. »Relataré brevemente cuanto sucedió durante mis primeros años. Separada de mi hermana, a quien no veía nunca, y encerrada en un lúgubre pero magnífico castillo cuyo circuito no podía traspasar, fui criada en el temor de Dios y de mi tío, cuyo aspecto y cuya voz me hacían temblar.

Palabra del Dia

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