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Zaratustra saliendo de la cuadra, levantó una cortina de percal rameado, pero Maltrana sólo vio una intensa obscuridad. Echa una cerilla dijo el trapero.

Los tres caballos humanos del poeta, que soñaban desde muchos días antes con unas cuantas horas de libertad empleadas en asistir á las fiestas de los rayos negros, sólo vieron abierta su cuadra para ser enganchados al carruajito en figura de concha. Como los tres hombres medio desnudos se mostraban algo reacios y hasta osaron murmurar un poco, Golbasto los refrenó con varios latigazos.

Sólo a las lloronas les era lícito sonarse con estrépito y lanzar de rato en rato un ¡ay Jesús! o un suspiro cavernoso, que parecía queja del otro mundo. Escenas ridículas acontecían en los duelos. Un travieso, por ejemplo, largaba media docena de ratoncillos en la cuadra, y entonces se armaba una de gritos, carreras, chillidos y pataletas.

Le mandan que vaya todas las tardes a una cuadra, que dice que pusieron allí la capilla de ellos... y le hacen que cante unas cosas en una lengua, que... no las entiende. Serán palabrotas y pecados. ¿Y ellos, quiénes son? Unos clérigos que se casan.... ¡En el nombre del Padre! ¿Pero se casan... como nosotros?

De todos modos, no pasará mucho tiempo sin que yo sepa la verdad. Entre tanto vamos á pasar una mala noche por ver á mi hermano, y no nos detengamos, ya que hay que saber otro secreto importante, porque la muerte no se espera á que uno despache sus negocios. Pensando esto entraba por la puerta de las caballerizas reales. ¡Hola, eh! dijo desde la puerta de una cuadra ¡los palafraneros de guardia!

Batistet ponía mal gesto á todas aquellas «tías» que tantas veces se burlaron de él cuando pasaba ante sus barracas, y acabó por refugiarse en la cuadra, para no perder de vista al pobre caballo y continuar curándole con arreglo á las instrucciones del veterinario, llamado en la noche anterior.

Por supuesto... respondió Primitivo con la mayor naturalidad del mundo . Allá en la vila guísase de otro modo.... Los señores tienen la boca acostumbrada.... Cuadra bien, que yo también le iba a pedir que le escribiese al señor marqués de traer quien cocinase. ¿Usted? exclamó Julián, estupefacto. , señor.... La hija se me quiere casar.... ¿Sabel?

Salgamos, que es tiempo murmurole al oído el Lectoral. Algunos tertulios se retiraban; don Alonso entre ellos. Cuando maestro y discípulo bajaron a la cuadra del piso bajo, conducidos por Casilda, ya era de noche. Cae nieve dijo la muchacha mirando hacia el patio. Casilda no había soñado ni mentido.

Lo que le avergonzaba era el abandono en que la había dejado, la cobardía de su floja voluntad, el egoísmo de no entristecerse viéndola enferma... ¡La pobre había muerto sola, en aquella cuadra blanca, rodeada de humanas bestias que sólo pensaban en ellas con el egoísmo del dolor, sin una mirada de cariño, sin una mano que estrechase la suya! ¡Y este crimen era ya irremediable!... ¡Ay, si Feli pudiese resucitar, sólo por un día, por una hora!

Las pastoras de quien hemos de ser amantes, como entre peras podremos escoger sus nombres; y, pues el de mi señora cuadra así al de pastora como al de princesa, no hay para qué cansarme en buscar otro que mejor le venga; , Sancho, pondrás a la tuya el que quisieres.