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Y señaló el estanque, que parecía vacío. En sus aguas muertas y en el suelo de gruesa arena no se notaba el más leve estremecimiento animal. Ferragut siguió los ojos de ella, y aleccionado por sus largas contemplaciones, fué encontrando á los tres huéspedes. Con el poderoso mimetismo de su especie, se habían convertido en minerales.

En el curso de la procesión, cuando los portadores de los «pasos» necesitaban descanso y quedaban inmóviles las pesadas plataformas de las imágenes cargadas de faroles, bastaba un leve siseo para que los encapuchados se detuviesen, permaneciendo las parejas frente a frente, con el blandón apoyado en un pie, mirando al gentío con sus ojos misteriosos al través del antifaz.

No la he visto hace un siglo... ¡ni ganas! respondió con reprimido acento de cólera, puestos los ojos en el techo. Soledad le contempló fija y severamente largo rato; luego, alzando los hombros, hizo una leve mueca de desdén. Manolo adivinó esta mueca sin verla y volviendo su rostro turbado: Dispensa, hija; no puedo remediarlo... Tu madre me ha hecho mucho daño. ¡Qué niño eres, Manolo!

¿Dices que mamá echaba la culpa de este paso a papá? profirió al cabo ella. , , no cabe duda. ¡La pobre mamá es tan bondadosa! ¡Si supieras qué trabajo le ha costado decírmelo!... Después de todo, no hay por qué quejarse; tu papá tiene razón. Carlota hizo una leve mueca de desdén y se fue a su cuarto.

La enamorada pareja seguía su paseo, sintiendo a sus espaldas el paso leve de la resignada Micaela.

Oliverio, con gran sorpresa de mi parte, no manifestaba la más leve contrariedad ante la idea de alejarse de Ormessón. Ahora me dijo con mucha calma pocos días antes de nuestra partida, ya no tengo nada que me retenga aquí. ¿Tan pronto había agotado todas las alegrías? Entramos en París de noche. Pero, aunque hubiésemos llegado a otra hora, siempre habría resultado tarde.

«Si tiene usted la más leve amistad para me decía Magdalena, no se obstine en perseguirme; me hace usted mal inútilmente. Mientras tuve la esperanza de salvarle de un error y de una locura, nada que pudiera dar resultado economicé. Hoy me debo a otros cuidados que había abandonado con exceso. Proceda como si no habitara usted en París a lo menos por algún tiempo.

Las tres se miraron con asombro. Doña Paulita se replegó, doña Paz tambaleó en su asiento, y aun es fama que el amarillo rostro de Salomé se tiñó de una leve púrpura, para lo cual fué preciso sin duda que toda la sangre de su cuerpo se repartiera entre sus dos mejillas.

La avaricia es medrosa y suspicaz. Salabert era cada vez más avaro. Además, con los años, el pesimismo va penetrando en el espíritu del hombre. Acostumbrado a grandes resultados en sus especulaciones, nuestro banquero juzgaba deplorable el negocio en que no percibía pingües ganancias. Si por acaso no obtenía ninguna o había leve pérdida, creía el caso digno de ser lamentado largamente.

Era el señor don Carlos Fernández un caballero en toda la extensión de la palabra, fino, delicado, discreto, de clara inteligencia y de nobilísimo corazón. Tenía conciencia de su mérito, y procuraba, por todos los medios que estaban a su alcance, conservar su buen nombre, y cuidar de que ni la sombra más leve empañara su envidiable reputación.