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Así que, sin el concurso de Llera, sin su carácter osado y su imaginación fecunda en invenciones, el duque de Requena haría ya tiempo que no se aventuraría en un negocio de mediana importancia.

No os parezcáis á los tontos, que cuando les viene mal un negocio se emborrachan. Ponedme vino. Beberéis vos sola. ¡Queréis tener sobre ventaja! Ando delicadillo y no me atrevo con Yepes; bastante tengo con vos. Decís bien... pero yo necesito hacer algo. ¿Y os embriagáis? Dicen que un clavo saca á otro clavo; quiero ver si una embriaguez me quita otra. Y levantó el vaso.

Es verdad dijo con heroica conformidad Currita. Además, yo te garantizo el secreto... El negocio es grave y puede sacarse de él mucho partido. Eso bien lo veo yo... Por eso no me opongo... Después de todo, lo primero que hay que mirar es el bien de la causa... Yo todo se lo sacrifico... Bien lo he probado siempre... ¡Bien lo estoy ahora probando!...

Como por nuestro Rey se desease El bien de la República Cristiana, Por que el negocio bien se reformase En este nuevo orbe, y tierra indiana, Ordenó que concilio se juntase, Premisa autoridad, santa, romana, De tierras muy longincuas los prelados En breve tiempo fueron congregados.

El fiel Ford ha vuelto a nuestro lado, como mi secretario, y frecuentemente nos burlamos de Reginaldo, que ha vendido su negocio de encajes, por su profunda admiración por Dolly Dawson, la que, a pesar de ser hija de un aventurero, es una niña muy encantadora y modesta, me veo obligado a confesarlo, y estoy seguro de que será una excelente compañera para mi antiguo condiscípulo y viejo amigo.

Pues, no dice que por honrado... ¡qué risa! ¡Cuando no ha habido negocio en estos últimos años, en que no haya estado yo metido y del que no haya sacado mi tajada!

Anímese, amigo, mire que el negocio es soberbio; yo le respondo del éxito. El éxito, es cierto, se presentó muchas veces, franco, decidido; tan decidido, que los mismos que teníamos metidas las manos en la masa, estábamos asombrados, atónitos... ¡así ha sido el desengaño después!

Y el alguacil y el escribano piden al hombre y a la mujer sus derechos, sobre lo cual tuvieron gran contienda y ruido, porque ellos alegaron no ser obligados a pagar, pues no había de qué ni se hacía el embargo. Los otros decían que habían dejado de ir a otro negocio que les importaba más por venir a aquél.

Yo no condeno tanto el hecho, como su falsa manifestacion y su falso alarde. Llámenlo negocio, empresa, mercado: llámenlo como quieran, moral, no. Eso no es la moral; la cara de carton no es la cara de carne.

Esta insinuacion no fué bien recibida: la iglesia de Córdoba declaró no admitir patronato ni compañía con el único patron de España Santiago, y no volvió á tratarse de este negocio.