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Niñita mía, no diga usted tales cosas delante de este joven sin experiencia indicó con mal disimulada satisfacción doña Flora ; pues podría creer que el ilustre jefe de la Cruzada, para quien doy estos puntos y comas, ha tenido conmigo más relaciones que la de una afición purísima y jamás manchadas con nada de aquello que D. Quijote llamaba <i>incitativo melindre</i>. Conociome el Sr.

La esencia de una cosa es aquello que la constituye lo que es; aquello que le sirve de fondo íntimo, siendo la raíz de sus propiedades; ¿quién nos ha dicho que conocemos ese fondo, esa raíz en los objetos corpóreos?

Entonces, refiriéndome en un breve discurso dicho en la plaza pública, y que por ello no podía ser ni largo, ni reposado, ni serenamente meditado, a aquello que para constituía carácter típico y saliente de Martí, señalaba estas dos circunstancias que no diré que sean absolutamente exclusivas de él, pero que en realidad son en él más prominentes que en ningún hombre que haya podido vivir una vida análoga a la suya y que se haya impuesto una misión como la que él se impuso.

¿Qué Rosita? ¡Si ya no hay Rosita! Si ya se acabó Rosita; ahora es Sor Teresa, que no tiene rosas ni en el nombre, ni en las mejillas. Don Robustiano se acercó al Magistral; miró a todos los rincones, a todas las puertas, y con la mano delante de la boca, dijo: ¡Aquello es el acabose! El Magistral sintió un escalofrío. ¿Usted cree? , creo en una catástrofe próxima.

La fuente de los placeres terrenos y groseros estaba para él cegada, y en cambio, ella, en su alma, sentía brotar y correr hacia el amado un raudal de abnegación y dulzura. Aquello era la purificación de toda torpeza, la clara visión interna del amor: amar sin ver el objeto de la pasión, algo semejante a la fe que adora lo que acaso no existe.

Asustado al pensar qué fin tendría todo aquello cuando su padre, según su costumbre, hubiera dado el ejemplo hospitalario de beber antes y después de la cena, no se le ocurrió cosa mejor que volverse hacia Nancy y decirle lo mejor que pudo: No, todavía no se lo he pedido; pero confío que aceptará, si otra persona no se ha presentado ya.

Entre tanto, por padre tenedme. Y sin decir más, saliose, pálido como un muerto, y preñados de lágrimas los ojos, sin que yo llegase a comprender todavía la causa de aquello, que era para lo que la luz para el ciego, que no sabe que hay otra cosa que las tinieblas en que su ceguera le tiene.

Muchas veces, en las casas donde era recibido como amigo de confianza, escuchaba en silencio las reyertas de familia, con los ojos discretamente clavados en el suelo; y mientras su gesto daba a entender que nada de aquello le importaba ni comprendía, acaso era el único que estaba en el secreto, el único que tenía el cabo de aquella madeja de discordia.

La emocion de las peripecias y el interes de la escena, en cuanto revela valor, habilidad y peligros, le arrebatan la conciencia de lo que aquello tiene de bárbaro y atroz. Sus defectos no son mas que la exageracion de sus cualidades. Uno de los rasgos mas curiosos de los toros es la energía del espíritu de partido que ellos despiertan.

Los de Gallarta, en cambio, no sabían quién era aquel contendiente desconocido. Cuando la gente de Azpeitia iniciaba el reto, estaba segura indudablemente de la superioridad de su barrenador. Aquello parecía una encerrona: había que ser prudentes.

Palabra del Dia

sellándolos

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