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Cuando la condesa y Pedro entraron, la mitad de la danza decía cantando: ¡Ay, un galán d'esta villa! ¡Ay, un galán d'esta casa! La otra mitad contestaba: ¡Ay, diga lo qu'él quería! ¡Ay, diga lo qu'él buscaba! La melodía era suave y monótona.

Pues para probar que hablo seriamente, me voy a permitir darle a usted un consejo. Diga usted. Haga usted una prueba... doble. La empresa está ya convencida de que usted sirve, y de que el público ha de quererla más cada día. En cuanto usted lo intente, verá cómo le guardan ciertas consideraciones.

Estoy pendiente de esa pobre señorita... pensando en lo que puede sucederle. Y no entiendo de política...; no se ría usted..., no entiendo. Sólo entiendo de decir misa; y el caso es que no la he dicho hoy todavía, y mientras no la diga no me desayuno, y el estómago se me va.... Aplicaré la misa por la necesidad presente.

»Le espero el 20 de este mes en Aranjuez.» »Hoy es ese día exclamó Carlos con acento apasionado, ¡y no estoy en Aranjuez!... Estoy aquí... en el castillo de Arcos... cerca de una amiga... que sospecha, que me acusa, y a quien no quiero abandonar. »¡Qué! Carlos, ¿se queda usted? »Mientras viva me contestó con aire sombrío; mientras usted no me diga: «márchese»... porque, ¡mi soberana es usted!

No estará de más que con la mayor reserva diga yo aquí, para ilustrar á mis lectores, que la poetisa tenía, entre otros, un defecto que suele ser cosa corriente entre las hembras que agarran la pluma cuando sólo para la aguja sirven, es decir, la envidia. «Pues verán ustedes ahora continuó D. Marcos cómo armo yo el desenlace de tan estupendo suceso.

-Y ¿qué se me da a -añadió Sanchica- que diga el que quisiere cuando me vea entonada y fantasiosa: "Viose el perro en bragas de cerro...", y lo demás? Oyendo lo cual el cura, dijo: -Yo no puedo creer sino que todos los deste linaje de los Panzas nacieron cada uno con un costal de refranes en el cuerpo: ninguno dellos he visto que no los derrame a todas horas y en todas las pláticas que tienen.

Entonces, si soy yo el nombrado suplente, iré con vos, maese Marner, y examinaré el sitio. En caso de que alguien quiera contradecir esto, le agradeceré que se ponga de pie y lo diga con franqueza. Con este discurso importante, el herrador había recuperado su propia estima, y esperaba que se le designara como uno de los hombres más sensatos.

En un momento en que Luís se separó de nosotros, no pudo por menos de decirme el Padre: Pero, diga V., ¿por qué no quita á su amigo ese vicio de hablar en otra lengua que la nuestra?

Muy bien, señor; ¿y si la señora duquesa?... á Alvarado, mi secretario, que la diga que no he podido despedirme de ella porque he partido en posta con un encargo secreto del rey para la corte de Francia. Adiós. Que vuecencia lleve buen viaje. Poco después salió Esperanza cubierta con la capa del duque, y asida á su brazo entró en el coche.

Le ha parecido a Vd. un despilfarro, ¿verdad? ¿Y con qué derecho podría yo pensar así? Vaya, pues deseo que me lo diga Vd.; le doy a Vd. carta blanca para que hable, vaya, que quiero que hable Vd. Era un capricho de niña mimada: curiosidad de saber por qué causa lo que a ella le parecía natural producía mala impresión en el prójimo.

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