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El virrey se quedó algunos segundos pensativo; y luego, levantándose de su asiento, puso la mano sobre el hombro de su secretario: Amigo mío, lo hecho está bien hecho; y mejor andaría el mundo si, en casos dados, no fuesen leguleyos trapisondistas y demás cuervos de Temis, sino duendes, los que administrasen justicia.

Yo hasta cierto punto domino también en el porvenir. Mi dominio es de dos modos: uno por el conocer; en los casos humanos hay una parte que indefectiblemente se cumple en virtud de leyes eternas y de plan divino.

Ayudábala sin comprender en muchos casos adónde iba a parar, persuadida enteramente a que no iría por mal camino, pues tenía fe ciega en la discreción de su señorita. Más que cariño era una especie de idolatría la que le profesaba, donde se mezclaba la admiración de su belleza, el respeto de su talento y el orgullo de haber visto nacer y contribuido a criar aquel prodigio.

Ignacio Villamor refiere en un informe al Comité de Mortalidad Infantil, escrito cuando era Fiscal General, varios casos de asesinatos de personas consideradas como embrujadas y como tales sacrificadas por los fanáticos.

Para huir de una conversación imposible por embarazosa hablé de la deplorable situación de algunas personas, que amenazaba aumentar en el próximo invierno, por enfermedades en unos casos y por miseria en otros; de un niño que se moría en el pueblo y que Julia había asistido y cuidado hasta el día en que, gravemente enferma ella misma, hubo de encomendar a otros su papel, impotente contra la muerte, de hermana de la caridad.

En todos estos casos puede decirse que no se paraba en barras y que fácilmente tiraba la casa por la ventana, pues, fué siempre característico de la tierra el rumbo, hasta llegar al derroche, al despilfarro que conduce á la ruina.

Luego expresó lo que verdaderamente pensaba. Aunque no he recibido una educación brillante, lo que hay que hacer en casos como el presente. Conozco, además, la opinión de personas muy altamente colocadas. Debo batirme, y me batiré. Dijo esto con tal sinceridad, que Robledo pensó en Elena al oírle mencionar las «altas personas» que le habían aconsejado.

Se han visto casos de presentarse tres de estos fanáticos, después de sorprender los centinelas de un cuerpo de guardia, y aprovechándose de la negligencia del soldado indio acuchillar toda la guardia antes de que ésta pudiera tomar las armas.

»Por lo demás, ¡qué carape! en casos tan excepcionales como éste, las sospechas de cierto género son casi de necesidad. ¡Si a mismo me asaltan algunas veces!

Si uno para probar la mortalidad humana dixera lo de HORACIO: Pallida mors, &c. y para mostrar la poca constancia que los hombres tienen en las amistades, dixera lo que se atribuye á CATON: Donec eris felix, &c fuera cosa ridícula, porque estos son lugares comunes, ó como suelen decir de N, que se pueden acomodar á todos los asuntos, y en ninguno hacen falta; y ordinariamente se descubre este vicio en los que afectan la erudicion, y aunque sea vulgar la proponen en todos los casos que se les ofrecen.

Palabra del Dia

caciquil

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