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Y así luego todos de muy buena voluntad decían las que habían tomado, contando por orden los hijos y criados y defuntos. Hecho su inventario, pidió a los alcaldes que por caridad, porque él tenía que hacer en otra parte, mandasen al escribano le diese autoridad del inventario y memoria de las que allí quedaban, que, según decía el escribano, eran más de dos mil.

Yo no tengo la culpa; ha sido contra mi voluntad, bien lo sabe Dios.... Al principio creí que no era posible, que sólo me daba usted... lástima... y así... mucho agradecimiento por sus bondades conmigo... Creía yo que una mujer casada sólo puede querer a su marido.... Si alguien me dijese que era esto... le insultaría, de fijo.... Pero a fuerza de cavilar... no, yo no lo acerté, ni por pienso.... Fue otro, fue quien conoce y entiende más que yo de los misterios del corazón.... Mire usted, si yo supiese que era usted feliz, me hubiera curado... y también si alguien me mostrase compasión a su vez.... ¡Caridad! ¡Compasión!... Yo la tengo de todo el mundo... y de ... nadie, nadie la tiene.... Así es que.... ¿Se acuerda usted de lo alegre que era yo?

Yo no le pedia los dos cigarros que me da, sino un servicio que no me hace, una obligacion que no cumple; si quieres llamar á esto caridad, es una caridad que no me otorga, que me niega con cierto alarde de virtud; pero al cabo me la niega, y yo veria en su alarde de virtud un alarde de vanidad.

Esto de la humildad era cosa que no cesaban de cantarle al oído en la villa. Cuantos le tropezaban en la calle y se dignaban ponerle paternalmente la mano sobre la cabeza, le decían: ¡Cuidado con ser humilde! obediente y sumiso con las señoras que te han recogido por caridad, ¿entiendes?... por caridad.

Lo repito: semejante padre no será nunca un hombre sabio y su conducta no estará en relación con las obras de Dios y con el dogma de la caridad. Ved en esto, poco más o menos, la imagen de un gobierno constitucional.

No, no; no ha hecho mal. Si hay algún culpable soy yo, y culpable por caridad, no por curiosidad, os lo juro. Descubrí que vuestro padrino nunca estaba tan contento como cuando hablaba de vos; entonces, por la mañana, en nuestros paseos, cuando estoy sola con él, para darle gusto, le hablo de vos, y él me cuenta vuestra historia. Estáis bien de fortuna, estáis muy bien.

Concedo, D. Facundo, que en este caso particular, acaso tenga V. razón; pero consagrar la vida entera como V. a hacer obras de caridad, es digno de alabanza y recompensa. ¡Recompensa! ¡recompensa! exclamó con fuego el boticario.

Se posan con afecto en un rayo de luz, en una flor, hasta en cualquier objeto inanimado; pero con más afecto aún, con muestras de sentir más blando, humano y benigno, se posan en el prójimo, sin que el prójimo, por joven, gallardo y presumido que sea, se atreva a suponer nada más que caridad y amor al prójimo, y, cuando más, predilección amistosa, en aquella serena y tranquila mirada.

Ellos eran ángeles de paz que se entregaban en el silencio de la soledad a la práctica de una moral excelente y pura y que no aparecían entre los hombres más que para ofrecerles algún beneficio. Sus mismos ocios estaban consagrados a la oración y a la caridad.

El maestro de escuela, inteligente, bondadoso, joven y guapo, y que siente por la muchacha muy tierna simpatía, la saca del agua y la lleva casi exánime, tiritando con el frío de la calentura, á cierta casa de vecindad de gente pobre, donde ponen á la ñiña en un mezquino camistrajo y vienen el médico á visitarla y una Hermana de la Caridad á cuidar de ella.

Palabra del Dia

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