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Actualizado: 10 de octubre de 2025
Oyes, Miguel le dijo Enrique en voz baja, mientras descendían cautelosamente por la escalera del patio; ¿para qué te quería papá? Para decirme que mi papá va a casarse respondió Miguel alzando los hombros con indiferencia. ¿Con quién? Con una señora. ¿Entonces vas a tener mamá pronto? Miguel no juzgó necesario contestar. ¿Estás contento? ¿A mí qué me importa? Miguel le miró un poco turbado.
Una sonrisa seráfica iluminó su rostro de repente, y volviéndose a Petra, señaló a la galería: ¡Es mi macho! ¡es mi macho! ¿oyes? estoy seguro... ¡es mi macho!... y tu amo que decía... que su canario... que iba a cantar primero... oyes... ¿oyes? es mi macho, se lo he prestado quince días para que lo viese vencer... ¡es mi macho!
¡Ivona, Ivona, cuida de tu alma, en lugar de derramar la sangre de tu hijo! dijo el desollador que estaba arrodillado y parecía absorto en una profunda meditación . ¿No oyes, pues?... Oigo el ruido de las olas que golpean esa roca, y el silbido del viento.
¿Qué sucieder ti? Una cosa tremenda. Estoy que no vivo. Soy tan desgraciada, que si tú no me amparas me tiro por el viaducto... Como lo oyes. Amri... tirar no. Es que hay compromisos tan grandes, tan grandes, que parece imposible que se pueda salir de ellos. Te lo diré de una vez para que te hagas cargo: necesito un duro...
Te vas haciendo muy adulador. Yo no quiero que te rías de mí, ¿lo oyes? ¡Oh! yo no me río de nadie... pero mucho menos de ti... repuso él sin levantar los ojos del papel, con voz cada vez más baja y visiblemente conmovido. Venturita tenía siempre los ojos fijos en él con una expresión maliciosa, donde se leía claramente el triunfo del orgullo satisfecho.
Al sofrenar mi caballo, le di los buenos días, y no me contestó; pero creí no haber sido oído, y me disponía a bajar, cuando dirigiéndose hacia mí, me dijo textualmente: «Bajá, si querés que te cruce a lazazos». ¿Qué dices, Ricardo? Lo que oyes; llámalo a Juancito y te lo repetirá. El pobre muchacho se ha dado un susto mayúsculo. Cuando oí aquello, le pregunté: » ¿Por qué me dice eso, amigo?
Masicas es una gran persona, que lo lleva a uno por la nariz, y uno se deja llevar: Masicas me vuelve del revés, y me saca todo lo que tengo en el corazón: Masicas sabe mucho. Pues mira, leñador, que yo no soy camarón como parezco, sino una maga de mucho poder, y si me oyes, tu mujer se contentará, y si no me oyes, toda la vida te has de arrepentir.
Como lo oyes dijo la otra algo lisonjeada con el éxito de su confidencia. Y tú ¿de qué lo sabes? preguntó Verónica atreviéndose poco a poco. De que me lo ha confirmado él con la mayor desvergüenza. ¡Confirmado! ¿Luego ya lo sabías? Por Leticia, a quien se lo dijeron amigos íntimos de Gonzalo.
MANRIQUE. Es verdad, pero no temas, estoy a tu lado... LEONOR. ¿No oyes estruendo de armas? MANRIQUE. Sí, confusamente se percibe. LEONOR. ¿Si vienen en nuestra busca? MANRIQUE. No puede ser. LEONOR. Pero esos hombres que se acercan... he distinguido los penachos. MANRIQUE. No temas. LEONOR. ¿Qué van a hacer contigo? Huye, huye por Dios. MANRIQUE. Si fueran mis soldados...
Cada una es cada una, y la que más y la que menos sabe por dónde corre el agua del molino. Oyes, Valentina dijo Elvira sonriendo maliciosamente, cuando te cases, ¿piensas llevarlas de Cosme? Si las merezco las llevaré... Más quiero llevar dos bofetadas de mi Cosme que el desprecio de un señorito, ¡alza! Así me gusta; ¡aprended, aprended, chiquillas! dijo Pablito.
Palabra del Dia
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