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¡Qué importa! Te digo que quisiera morirme... Daría con gusto la vida por que no quisieras a Gonzalo... ¿Le quieres, corazón mío, le quieres mucho? Cecilia no contestó. ¡Dime, por Dios, que no le quieres! Cecilia siguió callada. Al cabo de algunos instantes dijo, esforzándose en vano por dar una inflexión segura a la voz: Gonzalo renuncia a casarse conmigo, ¿verdad?

Todavía me parece que se moja... Levántela usted un poquito más... ¿Más? . ¡Pero me voy a descubrir todo el brazo! ¡Qué importa! Tiene usted razón; el tiempo no está para constiparse.

¿Qué le importa a usted eso? solía decirme cuando veía que me preocupaba del viento. Gracias a una prodigiosa actividad por la cual no se afectaba su salud y que parecía ser su natural elemento, a todo proveía: a su trabajo y al mío.

Pues bien, tus medios te lo permitirán ahora dejé escapar... ¡Ah! Magdalena, eres cruel... Es que sufro... ¿Pero qué te importa eso a ti? exclamé bruscamente.

Tiene hijos, y perecerán.... no importa.... que perezcan; tiene padres y morirán de pesar.... no importa.... que mueran: así será herido en mas puntos su infame corazon; asi sangrará con mas abundancia; asi no habrá consuelo para él; así se llenará la medida de su afliccion; así derramarás en su villano pecho toda la hiel y amargura que él un dia derramara en el tuyo.

Señor Isagani, dijo al fin en voz algo emocionada; desde la ventana le he oido á usted perorar porque, como tísico que soy, tengo buenos oidos, y he querido hablar con usted. A me han gustado siempre los jóvenes que se espresan claramente y tienen su manera propia de pensar y obrar, no me importa que sus ideas difieran de las mías.

Pero si usted escribe bien, y si ha de escribir mejor, y si ha de ser, pues no creo que me engañe la simpatía, uno de nuestros más fecundos y amenos ingenios, ¿qué importa que yo hable mal de los catorce sonetos compuestos por usted en algunas horas de extravío?

SANCHO. ¿En torre está todavía? PELAYO. No importa, que vendrá presto Quien le haga... SANCHO. Advierte, Pelayo... PELAYO. Olvidéme de los dedos. JUANA. Nuño viene. Sale NU

Mujer, yo no hablé por mal.... Te quise avisar porque siempre te tuve ley, que eres así... una infeliz, un pedazo de pan en tus interioridades.... Déjate de políticas, no seas tonta, y de señoritos.... Fuera de eso, ¿a qué se me importa? Es por tu bien.... Se dispuso Amparo a marcharse, cogiendo debajo del brazo su tarro; pero la afectuosa encajera la quiso abrazar antes.

¡Y esa mujer, que es querida del duque de Lerma, está celosa de una dama que es la favorita de la reina! La reina importa ya poco... tal vez á estas horas... pero conviene, á pesar de esto, que esa muchacha siga enloqueciendo á Lerma; ella quería hacer un disparate, pero yo la he prometido que la vengaría si ella me ayudaba, y ha consentido en seguirme.