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Los agentes externos consiguen tener en suspenso por algún tiempo sus funciones biológicas, pero al cabo el grano logra germinar, hunde sus raíces en la tierra y alza al aire su tallo. ¿Por qué? Porque viene provisto de armas para la lucha por la existencia... Tal es la historia de mi vida.

No bastaba que adoptase continente grave y mantuviese con él pláticas largas acerca de la alza o baja de las acciones del Banco, ni que le loase la casa por encima de todas las fábricas modernas y le diese útiles consejos en el juego del chapó. De todos modos el gracioso de Lancia observaba allá, en el fondo de sus ojazos encarnizados de jabalí, una nube de recelo que no podía disipar.

El sepulcro se alza en medio de la capilla, es de mármol blanco, y sirve de lecho á una buena estatua del Obispo, revestido de pontifical. Compite en grandeza con este monumento fúnebre el sepulcro de D. DIEGO DE ANAYA, Arzobispo que fué de Sevilla y fundador de la capilla ó pequeña iglesia de los Anayas, que ya hemos mencionado, y del gran Colegio de San Bartolomé.

Estiende, estiende el ala vigorosa, Cual la vela que en noche procelosa Alza la nave en negra tempestad; Vuela á traer la vívida centella Que en ochocientos diez, fulgente y bella, La antorcha reanimó de libertad.

La fragancia se respira de las flores y las plantas, y todo anunciar parece paz y contento en la casa que, al fondo, con ornamentos de verde yedra se alza. ¡Cuánto, mintiendo, extravian las apariencias villanas!

¿Cumplirás la palabra? preguntó la cruel costurera mirándole airadamente. Pierde cuidado. Cuenta conmigo si no la cumples. ¡Alza! De este modo apacible y tierno, trataba Valentina al tenorio de Sarrió.

Cada una es cada una, y la que más y la que menos sabe por dónde corre el agua del molino. Oyes, Valentina dijo Elvira sonriendo maliciosamente, cuando te cases, ¿piensas llevarlas de Cosme? Si las merezco las llevaré... Más quiero llevar dos bofetadas de mi Cosme que el desprecio de un señorito, ¡alza! Así me gusta; ¡aprended, aprended, chiquillas! dijo Pablito.

D. Gabriel añadió alzando la voz qué hendidura tan grande es esa que hay en el techo? Inés, si es verdad lo que me dices, dímelo otra vez, y alza la voz. Quiero que lo oigan doña María, D. Diego y los murciélagos. Calla; por haber estado tanto tiempo sin verme, merecerías... a ver, ¿que merecerías?

¡Y ahora, la noche terrible! Cada minuto se alza todavía ante mis ojos como una furia y clava en su mirada de fuego. Esa noche, voy a evocarla y a hacerla pasar por delante de como se evocan fantasmas para avivar con su testimonio un asesinato sobre el cual han pasado años. ¿Y qué crimen he cometido? Ninguno.

Y si viene... y si la mira... ¡yo, no puedo soportar que la mire!... ¡ni que la mire siquiera! Y si está aquí un mes, dos meses. Y si ella no quiere a Pedro Real, porque no lo quiere, y Ana le dice que no lo quiera. Y ella va a querer a Juan ¿cómo no va a quererlo? ¿Quién no lo quiere desde que lo ve? Ana lo hubiera querido, si no supiese que ya él me quería a ; ¡porque Ana es buena! Adela lo quiso como una loca; yo bien lo vi, pero él no puede querer a Adela. Y Sol ¿por qué no lo ha de querer? Ella es pobre; él es muy rico. Ella verá que Juan la mira. ¿Qué marido mejor puede tener ella que Juan? Y me lo quitará, me lo quitará si quiere. Yo he visto que me lo quiere quitar. Yo veo como se queda oyéndole cuando habla; así me quedaba yo oyéndole cuando era niña. Yo veo que cuando él sale, ella alza la cabeza para seguirle viendo. ¡Y van a estar aquí un mes, dos meses! ella siempre con Ana, todos con Ana siempre.