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Todo esto lo explicó rápidamente Cristeta, añadiendo malhumorada: ¡Y la estatua... soy yo! Frunció don Juan el entrecejo, y exclamó, tirando los papeles sobre el diván: Da grima. ¡No haga usted eso! Tan claramente manifestó su desagrado, que Cristeta no pudo menos de sentir sorpresa.

La ciega hablaba como si no lo fuera y así hacía siempre. Los comensales se miraban unos a otros sonriendo con una mezcla de alegría y de compasión. Elena, entusiasmada con el elogio, no parecía fijarse y le hacía preguntas y consultaba detalles. «¿Qué te parece, pondré sobre la chimenea un reloj imperio o una estatua? ¿Pondré la luz en el techo o en los rincones? Pocos muebles, ¿verdad?

La rueda de curiosos estrechó el círculo; las mujeres se ponían en puntas de pies; todos querían presenciar la ceremonia. La fisonomía de Blanca no manifestaba turbación alguna: parecía la estatua de la satisfacción. Yo nunca la había visto más linda; nunca el oro mate de sus cabellos había dado más realce a su fisonomía que aquella noche.

Desgajado de aquel monte De suma altura y poder, Deshace el risco la estatua Que de ambición fabriqué. ¿Hase mostrado al Oriente El Iris de paz y fe?

El genio no tiene precision de un pedazo de piedra, que se rompe, que se cae, que se pulveriza, como se marchita una planta, ó como una hoja es arrebatada por el aire. El genio es la santidad de la conciencia, la historia de Dios. Quede el mármol para la historia de los que tienen vanidad, de los que no tienen bastante con su alma. ¿Qué estátua mejor que esa escuela admirable?

Yo no encuentro esa poesía fácil, ese arte infuso, por decirlo así, en ninguna parte de esta magnífica ciudad. Llevemos una estátua de las Tullerías ó del Luxemburgo á un paseo de Roma, y seguramente parecerá más bella, más estátua, más arte; es decir, más sentimiento, porque sentimiento es el arte, así como verdad es la ciencia, utilidad la industria, ó justicia el derecho humano.

«Si le presentamos una rosa, continúa Condillac, será para nosotros una estatua que siente una rosa; mas para misma, solo será el mismo olor de la rosa.

¿Pero cree usted, argüian los otros, que la estátua de Bonaparte debe servir de adorno en la escalera de Welington? La estátua está en donde debe estar, repetia el viejo general; no puede estar más que en la escalera, y volvia á bajar la frente. Pero ¿por qué no puede estar en otra parte que en la escalera? Porque no cabe por las puertas de mi casa.

En la puerta se detuvo, miró a Petra mientras se embozaba, y la vio con los ojos fijos en el suelo, con una llave grande en la mano, esperando a que pasara él para cerrar. Parecía la estatua del sigilo. De Pas la acarició con una palmadita familiar en el hombro y dijo sonriendo: Ya hace fresco, muchacha.

4 Y el pregonero pregonaba en alta voz: Mándase a vosotros, oh pueblos, naciones, y lenguas, 5 al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña, y de todo instrumento musical, os postraréis y adoraréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado: