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En este momento empezaba en realidad la jornada. Las galeras hicieron su derrota por las escalas de las islas Gozzo, Lampadosa y Querquenes, bajando de ésta á tomar el canal de Alcántara y costear la isla de los Gelbes, entre ella y la tierra firme hacia Oriente, con objeto de entrar en la Roqueta de los Gelves, donde se hace aguada.

Es mucho cuento este que tengamos aquí taller de modista para su señoría... Y dime una cosa, ¿qué vestidos le has hecho a los niños, que ayer llamaban la atención en la plaza de Oriente?». ¡Llamando la atención! , llamando la atención... por bien vestidos... Menos mal que sea por eso.

Hermosa patria mía, amor de mis amores, ¿Sabes porqué mi acento hoy se dirije a , y porqué el más indigno entre tus trovadores gozoso te contempla con loco frenesí? Es porque se anonada la ardiente fantasía ante el recuerdo santo del poema de tu ayer; es porque sueño verte alta la frente un día, señora del Oriente, reuniendo por doquier.

El ministro podía permanecer allí de pie, si así le agradaba, hasta que la mañana tiñera de rojo el oriente, sin correr otro riesgo sino el daño que el aire frío y húmedo de la noche pudiera ocasionar á su organismo.

En Oriente y Occidente los hombres se agitaban como fieras, mientras él permanecía tranquilo junto al más risueño de los mares, con una pasión, con un deseo que llenaba su existencia, poco antes vacía, resucitando los entusiasmos y las vehemencias de la juventud.

Desgraciadamente, nuestro sistema de colonización pierde su semejanza con el de las demás, en otras muchas cosas, haciendo llegar no pocas veces la metrópoli á sus posesiones un hálito que si en Europa vivifica en el Asia envenena. En Oriente el español no puede ni debe ser más que español, ajeno de pasiones políticas y exento de miserias cortesanas.

Su misticismo fantaseador y la convicción de que las tierras nuevas encontradas por él tocaban con el Oriente asiático le impulsaban a dar por realizados los más bizarros descubrimientos.

Los amores son la esencia de mi vida y los guardo en mi corazón como si fuesen una perla del Oriente. Estoy abrumado, estoy tan pronto rabioso como desmadejado, estoy que me llevan los demonios, porque, ante todo y sobre todo, soy un artista, y aquí, en esta ciudad, no se me comprende ni hace justicia. Por lo pronto, soy un maestro artista en zapatería.

Por último desciende hácia el sud-este, y se dilata en una planicie ligeramente accidentada, entre el Ródano, el valle del Arve y las colinas del oriente que se desprenden de los contrafuertes saboyardos.

Al leer á Quinto Curcio, admiro al héroe macedon, y me complazco en verle cuando se arroja impávido al traves del Gránico, vence en Arbela, persigue y anonada á Darío, y señorea el oriente. En todo esto hay grandeza, hay rasgos que no fueran debidamente apreciados, si se cerrara el corazon á todo sentimiento. Mach.