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Actualizado: 21 de octubre de 2025


Al verse sola, al convencerse de que iba a morir, desapareció toda su arrogancia de buena moza; se sintió débil como cuando era niña y le pegaba su madre, y rompió en sollozos. ¡Mátam, mátam! gimió echándose a la cara el negro delantal, enrollándolo en torno de su cabeza. Teulaí se acercó a ella impasible, con una pistola en la mano.

Una vez afuera caminó con nueva arrogancia. La brisa que llegaba por la calle de la Muerte y la Vida oreaba en su labio un dejo impuro y febril. A los diez y siete años, merced a un precoz desarrollo, Ramiro tomó un aspecto recio y adulto. Su ceño altivo, así como sus anchas espaldas, imponían, a todo el que hablaba con él, un trato ceremonioso.

Una de ellas era alta y corpulenta, los cabellos rubios, la tez blanca, donde lucían unos grandes ojos negros como dos lámparas milagrosas. Sus facciones de pureza escultórica, su hermosa frente erguida con arrogancia y la grave serenidad de su mirada, no exenta de severidad, traían á la memoria la célebre cabeza de la Juno de Ludovisi.

La angustia que contraía sus facciones se ha cambiado en una arrogancia sorda, reprimida. Martín, lleno de disgusto y de lástima contempla aquel rostro, cuyas arrugas profundas apenas dejan conocer al Juan de otros tiempos, tan franco de corazón, tan tierno. Es fuerza que las pasiones más viles se hayan apoderado de ese hombre para desfigurarlo de un modo tan terrible en seis cortas semanas.

¡Ahueca! repitió el señorito, como si fuese a darle de patadas, con la arrogancia de la impunidad. El Chivo salió y los dos amigos volvieron a sentarse. Luis ya no parecía ebrio: antes bien, hacía esfuerzos por mostrarse sereno, abriendo los ojos desmesuradamente, como si intentase anonadar con la mirada a Montenegro.

Antes, cuando la nobleza era el más firme baluarte de la nación, la toleraba el pueblo; ahora, sabido ya que las grandes victorias obtenidas en Francia lo habían sido no por la pujanza de tales ó cuales barones, por la lanza de este ó aquel caballero, sino por el valor de los soldados, hijos del pueblo de Inglaterra y Gales, había desaparecido en gran parte el prestigio de la nobleza militante y se protestaba contra sus exacciones y se censuraba su arrogancia.

Después de la partida de San Martín, el antagonismo entre colombianos y argentinos se acentuó más aún; la arrogancia recíproca dio origen a la triste página de Arequito, lo que no impidió más tarde las heroicidades de los granadinos y de los hijos del Plata en los campos de Junín y Ayacucho.

En los días subsiguientes á las escenas que he contado, la señorita Margarita, como avergonzada de los movimientos de juventud y franqueza á que un instante se había abandonado, dejó caer de nuevo sobre su frente un velo más espeso de triste arrogancia, de desconfianza y de desdén.

No faltaban allí, sin embargo, estas, y era la más notable el retrato de un caballero, tipo de arrogancia y varonil hermosura, pintado por Van Dyck en Inglaterra, al mismo tiempo que aquel otro famoso de Carlos I, imagen admirable en que se refleja, junto al orgullo del monarca, una especie de adivinación de su trágica desventura.

Mis consortes tienen la culpa; en cuanto pueda, les saco el redaño. Y se erguía con la arrogancia fanfarrona de un gallo joven, estremeciéndose todo su cuerpo linfático y desmedrado, con esa ruindad física de los homicidas por instinto. Maltrana comprendió que sus palabras no causarían efecto alguno en el muchacho. Había hecho mucho camino cuesta abajo durante el tiempo que no le veía.

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