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Actualizado: 21 de octubre de 2025


Mas agora, ya triunfa la pereza de la diligencia, la ociosidad del trabajo, el vicio de la virtud, la arrogancia de la valentía y la teórica de la práctica de las armas, que sólo vivieron y resplandecieron en las edades del oro y en los andantes caballeros.

Esto último lo negaba con arrogancia pensando que su gloria de seductor podía con ello menoscabarse; pero no importa: es exacto como todo lo que aquí se puntualiza. Quiere decir esto que Pepe Castro se hallaba arruinado a la hora presente. A pesar de lo cual, seguía viviendo con, la misma comodidad y aparato que antes. Su trabajo y sus vueltas le costaba.

Además, fiaba mucho de la debilidad y de la ignorancia del enemigo. No se anduvo por las ramas. Se fue derecho al bulto. Nada de eufemismos. Sólo en el tono de la voz, sereno, reposado, había cierta lenidad. ¿Eso de robaros, supongo que no lo dirás por ? Si las palabras de Bonis eran un guante, quedaba recogido con toda arrogancia.

En uno decía: «Pedazo de la cogulla del venerable siervo de Dios fray Alonso de Luján, muerto en olor de santidad en su convento de Talavera de la Reina, a los 23 de enero de 1590». Y a renglón seguido, con la candorosa arrogancia de los magnates de aquella época, firmaba sencillamente: Doña Catalina. ¡Ya! exclamó Currita muy admirada . ¡Con que esto era de aquel!...

No hay odio en mi corazón ni puede haberlo para la madre de mi madre... Déjeme usted besar sus manos». La marquesa parecía muy disgustada de tal escena. Volviendo el rostro, apartaba de a Isidora. Esta se puso en pie. Tuvo otra inspiración más audaz que la anterior. Con gentil arrogancia separó su velo para mostrar más completos el rostro y el busto.

Otra trajo el corazón de su madre, diciendo: Es de oro macizo. Dos llegaron, entregando la primera un escudo y la otra una lanza. Esta dijo: Doy a usted mi nombre; no tiene mella. La del escudo dijo: Entrego a usted mi crédito; no lleva abolladura. Con arrogancia, una quitó de sus hombros el manto y lo arrojó sobre el tapete, diciendo: Ahí va mi honra; no tiene tacha.

Los argentinos, de cualquier clase que sean, civilizados o ignorantes, tienen una alta conciencia de su valer como nación; todos los demás pueblos americanos les echan en cara esta vanidad, y se muestran ofendidos de su presunción y arrogancia.

6 Hemos oído la soberbia de Moab; en extremo soberbio; su soberbia, y su arrogancia, y su altivez; mas sus mentiras no serán firmes. 7 Por tanto, aullará Moab, todo él aullará; gemiréis por los fundamentos de Kir-hareset, en gran manera heridos.

El busto endeble erguíase con una arrogancia natural dentro del mantón; sus pobres faldas de verano se movían con cierto ritmo majestuoso, sin tocar el barro, en torno de los pies pequeños, cuidadosamente calzados, que revelaban ser la parte más atendida de su persona. ¡Viva lo bueno! gritó el borracho poniéndose en jarras . ¡Ahí va la gloria del barrio!...

No puedo decir que lo siento, y me engañaría a mismo si me apiadase mucho por su defunción. Era viejo, más viejo que su edad, y su misión estaba cumplida. No había estado tierno conmigo y me interceptaba el camino con una arrogancia que lo hacía poco amable.

Palabra del Dia

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