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Actualizado: 23 de octubre de 2025


REY. ¿Qué me replicáis? Poned del parque a las puertas Las postas. CONDE. Pienso que abiertas Al vulgo se las dejáis. REY. Pues ¿cómo lo han de saber, Si enfermo dicen que estoy Los de mi cámara? D. ENR. Soy De contrario parecer. REY. Esta es ya resolución: No me repliquéis. CONDE. Pues sea De aquí a dos días y vea Castilla la prevención De vuestra melancolía. REY. Labradores. SANCHO. Gran señor.

Sus labios apretados, sus narices abiertas, la palidez repentina de su frente atestiguaban el combate interior por que pasaba. Repentinamente bajando su látigo como para saludar. ¡Pues bien dijo perdón! En el mismo instante castigó violentamente su caballo, y partió al galope dejándome en medio del camino. No la he vuelto á ver después. 30 de julio.

Yo he navegado siempre con las velas desplegadas en un mar de aceite, iluminado por el sol radiante, empujado por la brisa y acompañado de las musas y las gracias. Estoy acostumbrado a vencer; he hallado en la vida todas las puertas abiertas y todos los corazones también.

Al despejarse con los primeros rayos del sol la espesa niebla que cubria las campiñas, con cuánto regocijo se respira el aire fresco de la atmósfera, y el perfume que por todas partes despiden de su seno las flores recien abiertas, ó las hojas que se desarrollan bajo la doble influencia del calor y de la humedad!

En una palabra: mis vecinos tienen el balcón por casa, excepto para dormir y vestirse; y ni aun en estas dos ocasiones quieren prescindir totalmente de la publicidad. Tremontorio y Bolina, especialmente, se mudan la camisa y los pantalones en medio de la sala... con todas las puertas abiertas; pero donde se echan los botones y se amarran la cintura con la indispensable correa, es en el balcón.

Dilatábase su boca buscando aire, a pesar de que todas las ventanas estaban abiertas y los ventiladores giraban vertiginosamente. «¡Qué calor!...» El ansia de frescura la hacía vaciar la copa que tenía delante, ligeramente empañada por el vino helado. Sonreía mirando a Fernando con unos ojos acariciadores, que éste creía ver por vez primera. Déme osté una sigarreta.

Al ser abiertas, entra el aire exterior y se condensa instantáneamente, formando un humo blanco junto a las lamparillas eléctricas: algo así como si lloviese sal o hielo molido.

Pero esa mujer halla abiertas un dia las puertas de su casa; sale á la calle, la permiten salir; habla, piensa, obra; oye pensar, ve hacer; entra en la revolucion de las opiniones y de los derechos; la nueva moral la auxilia; la nueva religion la llama; se asocia, por fin, á la vida pública; por fin, se asocia; siente este vínculo, siente la relacion social, como antes sintió el cariño á la aguja con que cosia: comprendiendo y sintiendo la razon que la une á un pueblo, á una raza política, comprende y siente por intuicion lógica las razones que existen para que una raza se asocie á otra raza; para que un pueblo llame hermano á otro pueblo, y de escala en escala, de idea en idea, de emocion en emocion, de regocijo en regocijo, de dignidad en dignidad: ¡! de virtud en virtud, de alteza en alteza, en su cerebro y en su corazon se va criando una figura alentada y noble, una síntesis que no es otra cosa, en resúmen, que la idea y el sentimiento de su propio sér, extendido á toda su esfera, á su magnánima nacionalidad; á la nacionalidad de un poder que creó para un mundo un cielo y una tierra.

Desde lejos vi entrar a Magdalena en compañía de varias señoras jóvenes amigas, todas con trajes de verano de colores claros y las sombrillas abiertas sobre las cuales jugueteaban la luz del sol y la sombra de las hojas de los árboles.

Filas de hombres blancos que parecían disfrazados de negros penetraban en el buque por las portas abiertas en sus dos costados llevando al hombro grandes cestos que esparcían polvo de hulla.

Palabra del Dia

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