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La desgracia es no sentir, tener el corazón de corcho, y la cabeza de hielo; vivir por necesidad, por aquello de que por cien mil y más razones es necesario vivir. ¡Ah! cuando nada os interese en el mundo, cuando nada hostigue vuestro pensamiento, cuando todo os importe nada, cuando no penséis en nada, cuando comáis por no morir y durmáis por que se cierren vuestros ojos; cuando os hayáis convertido en un pedazo de carne insensible á todo, que obra como una máquina; cuando el amor y las locuras de los otros os den hastío, cuando no os encontréis bien en ninguna parte, cuando vuestra alma haya muerto, entonces, entonces si que podéis llamaros desgraciada.

La masa fria e inmovil del hielo se va derritiendo todos los dias, pero soy yo quien le dice que precipite su marcha o que detenga sus tempanos. Yo soy el espiritu de estas montanas, podria hacerlas estremecer hasta sus cimientos cavernosos... ?Que es lo que quieres?

Ella tornó a sacudir la cabeza: No, no es cierto... ¡María Elvira! llamó Angélica de lejos. Todos saben que la voz de los hermanos suele ser de lo más inoportuna. Pero jamás una voz fraternal ha caído en un diluvio de hielo y pez fría tan fuera de propósito como aquella vez. María Elvira tiró el papel y bajó la rodilla.

Como sólo se trataba de un armisticio, celebrado con infusión de la China, no asistieron más que Petrona y la viuda de Esquilón; esta última en calidad de intermediaria para entregarnos, en medio de la infusión, a la efusión del primer abrazo reconciliatorio. Roto el hielo y reanudada la amistad, charlamos mucho.

Una nueva mirada de aquellos ojos verdes: pero esta vez fría, amenazadora, algo así como un relámpago lívido, reflejándose en el hielo. No ... contestó con una lentitud que parecía subrayar su desdén. Yo acostumbro a abandonar los sitios cuando me fastidio en ellos. Y tras una nueva pausa, miró a Rafael de frente, para saludarle con un frío movimiento de cabeza. Buenas tardes, caballero.

Así se rompía el hielo. ¿Por qué no vienes a Mar del Plata? Anda, vamos... No puedo; estoy metida en un berenjenal, hijita, que no cómo voy a salir. ¿Por...? Por lo de Inesita. ¿Sabes que se casa con Raúl, con mi cuñado? , ya me lo han dicho, ¡Pobre Carlitos Nuezvana!

Quedáronse tras la esquina familiar y corchete, y a poco oyeron que rompían en una muy armoniosa música las vihuelas, y que cuando se acabó el ritornelo, una voz grave y melancólica, enamorada y dulce, cantó el siguiente: SONETO Insensible es al sol el duro hielo De crudo invierno en el rigor impío; Agua en la primavera, en el estío En cálido vapor se eleva al cielo.

Ojeda escuchaba con ojos distraídos la charla de su compañero. En los largos intermedios que dejaba el servicio, bebía el champán de su copa, sin percatarse de su insistencia. Isidro cuidaba de la botella amorosamente, haciéndola girar en el cubo de hielo para su enfriamiento.

Al árbol sólo le queda una raíz incapaz de sostenerle; la existencia es tan menguada, que está dispuesta a cesar a la menor sacudida; el frío de la vejez, es precursor del hielo del sepulcro...

Era terreno desconocido, por donde, si lograban atravesarle, llegarían sin duda a no menos desconocida e inexplorada comarca. La vereda daba innumerables rodeos. A veces iba en muy pendiente cuesta abajo, pero más a menudo se elevaba en cuesta no menos pendiente. Los cerros, a un lado y a otro, parecían ir creciendo. En sus enhiestos picos relucía el hielo perpetuo.