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Actualizado: 30 de septiembre de 2025


En otras partes, los desgraciados encerrados han tenido que comerse unos á otros, y luego morir de hambre, intentando roer algunos restos de huesos; multitud de cadáveres han quedado esparcidos por el suelo, y durante muchos años se han visto rodar sus esqueletos, antes que el agua caída de las bóvedas los haya envuelto en un blanco sudario de estalagmitas.

Es que ya voy teniendo mucha experiencia, no te creas, y de aquí en adelante ya lo que tengo que hacer. Gracias á Dios que encontré lo definitivo: aquí, aquí hasta que me muera. ¡Qué placer, y qué embriaguez, y qué mareo tan deliciosos! ¡Sublime es esto, y cuan desgraciados los que no lo conocen

En otra ocasión, en aquellos mismos sitios, pobres, desgraciados e inseguros del porvenir, la alegría y la salud brillaba en nuestros semblantes. A la sazón, ricos y poderosos, la inquietud y los sufrimientos marcaban en nosotros sus huellas.

Aman su vida errante y salvaje, y tarde ó temprano se vuelven á ella; ha sucedido ya estar un negro enteramente civilizado y aun haber seguido estudios, y ha desaparecido para volverse al monte á vivir desnudo y salvaje entre sus compañeros. Estos desgraciados se niegan siempre á la luz de la verdad y de la razón

Se ha refugiado en una miserable casa de huéspedes donde no hay más que toreros de invierno, jugadores y gente perdida... Le visitaste hace cuatro días; has ido después varias veces... Lo por el ama de la casa, que es una Aspasia jubilada, y tiene relaciones con uno de mis más desgraciados enfermos. Reflexiona lo que haces, mira bien qué pasos das y entre qué gente vas a meterte.

Muchos antropófagos yacían en tierra, muertos o gravemente heridos; pero los chinos tenían pocas esperanzas de escapar, y no pocos de ellos habían sido muertos. Dos veces había disparado Van-Horn las lantacas, aun a riesgo de herir o matar a algunos chinos, y dos veces también intentó Van-Stael abrirse paso por entre los caníbales para socorrer a aquellos desgraciados; pero todo fué inútil.

Es vivir yo en esta casa sin tener que avergonzarme; dormir por la noche sin miedo a ver en la obscuridad los ojos de nuestro padre que me preguntan, por qué permanece una mujer perdida bajo el mismo techo que se conquistaron los Luna con siglos de servicios a la iglesia de Dios; es evitar que la gente se ría de nuestra familia.... Que digan en buena hora: «Esos Luna, ¡qué desgraciados son!», pero que no digan nunca que los Luna son una familia falta de vergüenza.

Más tarde se había enterado de que se había hecho monja por unos amores desgraciados. Además de esta, pintábame con gracia el tipo de otras hermanas que había tenido por profesoras. Había una, francesa también, llamada la hermana Saint-Etienne, a quien remedaba con singular donaire: «Oh, silence, enfant!

Después de haber pasado muchos años contemplando todos los días cuadros semejantes al que acabamos de ver; después de haberme familiarizado con los tormentos que pasan los pobres, con sus ideas, y hasta con su lenguaje, he concluido por hallar muchos más desgraciados que infames.

Mientras tanto, ya habíamos llegado al lugar de la aldea en que Cornelia, durante su enfermedad, había mostrado deseos de ser enterrada; yo quise informarme aún, con una triste curiosidad, de todos los pormenores de aquel acontecimiento, gozándome en oír referir cómo aquella alma sensible y generosa se había dado a conocer a los desgraciados durante su corta estancia sobre la tierra.

Palabra del Dia

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