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Actualizado: 30 de septiembre de 2025
Como si el agotamiento que causaba el hambre no hubiera bastado a colmar la medida de tanta miseria, aquellos desgraciados no abrían la boca sino para acusarse y amenazarse mutuamente. ¡No me toquéis! gritaba Hexe-Baizel con voz desgarradora a los que la miraban ; ¡no me miréis, porque os muerdo!
Híala, no negaré que hay algo de verdad en la relación que has hecho; los sueños son el único consuelo de los desgraciados, y ya halaguen sólo los miembros fatigados y lasos, o ya entretengan con sus juegos la sed de una imaginación ardiente, siempre es dulce el disfrutarlos.
Cuarenta y un millones arranca del presupuesto, y aún le parece poca cosa esta cifra, que resulta una enormidad en un país que dedica nueve millones a la enseñanza y un millón al socorro de los desgraciados. Mantenerse en correspondencia con Dios les cuesta a los españoles cinco veces más que aprender a leer. Pero esto de los cuarenta y un millones es un tapaojos.
»Amigos míos les dije, luego que tomaron asiento; recordarán que hace siete años, en igual época, éramos muy desgraciados; era el día que Carlos se separó de nosotros. »Sí, sí exclamó Carlos; día espantoso, día horrible. »Del que la suerte nos debe indemnizar proseguí diciendo; porque hasta el presente ha sido muy cruel para conmigo, y yo, Carlos, muy injusta para ti.
El argumento es lo único permanente o inalterable en estas leyendas; un amor desgraciado por la enemistad tradicional de los papás de los novios; dos señores feudales de cortos alcances y que padecen de atrabilis; los chicos que no se resignan a ser desgraciados y continúan sus relaciones hasta que una noche los sorprenden juntos y les arman un belén; el padre de la niña que encierra a su presunto yerno en una mazmorra, y le tiene a pan y agua sujeto con cadenas; el novio que se escapa ayudado por la niña, y viene después con su mesnada a dar un asalto a su suegro; rapto de la novia; el papá suegro que no se resigna, arma su mesnada y va a dar otro asalto a su yerno y le lleva la novia; el yerno, que tiene muy malas pulgas y arma de nuevo su mesnada y vuelve a robar la chica, etc., etc.
¡A todos! repitió con voz siniestra Simoun, á todos, indios, mestizos, chinos, españoles, á todos los que se encuentren sin valor, sin energía... ¡Es menester renovar la raza! ¡Padres cobardes solo engendrarán hijos esclavos y no vale la pena destruir para volver á edificar con podridos materiales! ¿Qué? ¿se estremece usted? ¿Tiembla, teme sembrar la muerte? ¿Qué es la muerte? ¿Qué significa una hecatombe de veinte mil desgraciados? ¡Veinte mil miserias menos, y millones de miserables salvados en su orígen!
No hubo uno solo, de los victoriosos montañeses, que se compadeciera de aquellos desgraciados; al contrario, cuantos más muertos veían, tanto más se regocijaban.
Los maliciosos insinuaban que Simoun no se arriesgaba á quedarse solo, que, perdido su apoyo, no quería esponerse á las venganzas de tantos explotados y desgraciados, con tanto más motivo cuanto que el General que iba á venir, pasaba por ser un modelo de rectitud y acaso, acaso le haga devolver cuanto había ganado.
Llegué al teatro de San Fernando cuando solo había dentro de la sala dos docenas de personas a lo sumo. Aún tardó en poblarse larga media hora. Se representaba una función extraordinaria, a beneficio de no sé qué desgraciados, por la compañía de ópera que había actuado en Cádiz y regresado a Madrid. La sala del teatro es amplia, elegante, bien decorada.
Era que también en ella realizaba la adversidad su obra saludable; la joven aprendía a considerar como hombres a aquellos desgraciados, escoria de la sociedad, pero en los que brillaba aún la chispa divina debajo de las cenizas.
Palabra del Dia
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