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Actualizado: 16 de octubre de 2025
Ya habían traspuesto Benina y Almudena, en su tarda andadura, la línea de los Viveros, cuando la anciana vio pasar veloz como el viento, el jamelgo de Ponte, y comprendió lo que había pasado. Ya se lo temía ella, porque no estaba Frasquito para tales bromas, ni su edad le consentía tan ridículos alardes de presunción.
Mientras no afecte al fondo, mientras los corazones no se desunan, las reyertas matrimoniales tienen bien poca importancia... Y aquí no hay miedo a eso, por fortuna... Tú quieres a Ventura... ¡Oh, cada día más! exclamó él, con rabia de sí mismo. Estoy enamorado como un burro... sí, sí, ¡como un burro! Una sombra de mortal dolor, veloz como un relámpago, pasó por los claros ojos de Cecilia.
Y almibarada y ponderativa, tornó a regalar a Carmen con caricias y frases de gratitud. En seguida salió de la sala, no ya con su paso saltarín de todos los días, sino con una carrera liviana y veloz, una especie de trotecillo fantástico. Narcisa hizo también mutis, como en las comedias, por una puerta lateral, con su novela en la mano y en la sonrisa ática una despectiva expresión.
En la veloz carrera apresuradas Las horas del ligero tiempo veo Contra mí con el cielo conjuradas. Queda atras la esperanza y no el deseo, Y ansi la vida de la muerte della El mal, el daño augmentan que poseo. Ay dura, iniqua, inexorable estrella! Como por los cabellos me has traido Al terrible dolor que me atropella!
Es verdad que la locucion interna es mas veloz que la externa; pero siempre envuelve sucesion, y exige mas ó menos tiempo, segun las palabras que se han de suceder. Esta observacion es importante para no exagerar las relaciones de la idea con la palabra.
Saltó Lucía, recostándose en el ligero vehículo, y Artegui se acomodó a su lado, ordenando: Camino de Biarritz. Salió el carruaje veloz como un dardo, y Lucía cerró los ojos, gozando en no pensar, en sentir las rápidas caricias del viento, que echaba atrás las puntas de su corbata, los undívagos mechones de su cabellera. Pintoresco y ameno, el camino merecía, no obstante, una mirada.
Las cabras silvestres, en sus alturas inaccesibles, saltaban de meseta en meseta, y únicamente cuando rodaba el trueno en el azul sombrío y los rayos como serpientes ígneas bajaban con veloz angulosidad a beber en el inmenso abrevadero del mar huían las tímidas bestias con balidos de terror a refugiarse en las oquedades cubiertas por el ramaje de las sabinas.
Dice así en un soneto: «Guiando cada cual su veloz rueda, Á todos los hispanos dieron lumbre Con luz tan penetrante de este carro; El uno, en metro, fué Torres Naharro; El otro, en prosa, puesto ya en la cumbre, Gracioso, artificial, Lope de Rueda.»
El tren, rugiente, majestuoso y veloz, cruzó ante él, despidiendo la negra máquina centellas de fuego, semejantes a espíritus fantásticos danzando entre las tinieblas nocturnas. Pocos momentos después de que Miranda bajó a recoger su cartera, habíase abierto la puerta del departamento donde quedaba Lucía dormida, penetrando por ella un hombre.
Mas un día corrió por Madrid una noticia estupenda, que se escuchó al principio como un absurdo inventado por algún ocioso del Veloz; concediósele más tarde la verosimilitud que hubiera merecido la de que Sagasta cantaba misa o el Gran Turco se había hecho monje bernardo, y extendióse al fin como un hecho inverosímil, pero cierto, absurdo, pero verdadero, desde los salones hasta las antesalas, y desde los pasillos del Congreso hasta los de los teatros, llenando a todo el mundo elegante de asombro, de extrañeza y de curiosidad.
Palabra del Dia
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