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Tomad un vándalo, un normando y un alano, mezcladlos con el moro más redomado, emborrachad al aborto resultante de esa mezcla y ya tenéis un inglés hecho y derecho.... Me dicen que ahora están invadiendo á Italia, mi patria, como han invadido á Francia. ¡Qué gente, Dios eterno! En todas partes se meten, menos en el cielo.

¿Adónde, señora? respondió la gitana . En vuestra casa la tenéis: aquella gitanica que os sacó las lágrimas de los ojos es su dueño, y es sin duda alguna vuestra hija; que yo la hurté en Madrid de vuestra casa el día y hora que ese papel dice.

¿Y ha de ser ella quien te el carozo? ¡Nunca tal , ser la mujer quien lleve el carozo! Así juntábamos dos. ¡No tenéis oído que cuanto más, más gracia de Dios! ANDREÍ

El viejo Duchêne se arrojó sobre el loco para estrangularlo; pero éste, más fuerte de lo que podía pensarse, lo rechazó, y, alzando el palo con furia, nos dijo: «¡De rodillas, esclavos, de rodillas! Mis ejércitos avanzan... ¿Oís?... La tierra tiembla. Estos castillos, el Nideck, el Haut-Barr, el Dagsberg, el Turkestein, tenéis que reedificarlos... ¡De rodillas

Me alegro, hombre, me alegro... A ver, toma, cógele... Bien que no puedes, porque estás ocupada... , Chisco, cógele ese candelero que trae en la mano... Vaya añadió mirando alternativamente al Cura y al hombrón del otro banco , aquí le tenéis ya: éste es mi sobrino Marcelo, el hijo de mi difunto hermano Juan Antonio. ¿Eh? ¿Qué tal? ¿Qué hay que pedirle en estampa ni en ropaje?... Mira me dijo a , estos señores vienen a visitarte...

No entendemos lo que habla. 21 La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque es venida su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la apretura, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. 22 También, pues, vosotros ahora ciertamente tenéis tristeza; mas otra vez os veré, y se gozará vuestro corazón, y nadie quitará de vosotros vuestro gozo.

Andad en hora buena, y en tal se os diga: volveos a vuestra casa, y criad vuestros hijos, si los tenéis, y curad de vuestra hacienda, y dejad de andar vagando por el mundo, papando viento y dando que reír a cuantos os conocen y no conocen. ¿En dónde, nora tal, habéis vos hallado que hubo ni hay ahora caballeros andantes? ¿Dónde hay gigantes en España, o malandrines en la Mancha, ni Dulcineas encantadas, ni toda la caterva de las simplicidades que de vos se cuentan?

Pero como estoy ya cansado de que me echen el guante, trato de echar un guante de oro al escribano para que se le entorpezcan los dedos... y me urge... y me duele dejar á medio roer este pichón... pero os dejo... ¿Os vais? dijo Montiño poniéndose de pie. ¡Oh! ¡no! vos no tenéis nada que ver con la justicia dijo Dorotea : almorzad al menos, caballero... si no es ya que os sepa mi almuerzo mal.

Con efecto citó al tribunal al hebreo, y habló al juez en estos términos: Almohada del trono de equidad, yo soy venido para reclamar, en nombre de mi amo, quinientas onzas de plata que prestó á este hombre, y que no le quiere pagar. ¿Teneis testigos? dixo el juez.

Mi marido es protestante, pero me deja entera libertad, y mis dos hijos son católicos. Por esto hemos querido desde el primer día venir a saludaros, señor abate. Por eso y por otra cosa continuó Bettina, mas para la otra cosa necesitamos nuestras carteras. Aquí las tenéis, señorita respondió Juan. Esta es la mía. Y esta otra la mía.