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Actualizado: 27 de diciembre de 2025


El corazón de un extraño es más tierno que el de un amigo. En el pedir y en el dar, se aquilata la amistad, etc. Vino don Pablo Aquiles, por la tarde, y se enteró de que el niño seguía en su cuarto, bajo llave. ¡Qué demonio de muchacho! dijo, ¿qué tendrá?

¿Dejarlo? gritó el patrón . ¡Un demonio! ¿Sabes cuánto vale esa pieza? No está el tiempo para escrúpulos ni miedos. ¡A él! ¡A él! Y haciendo virar la barca, volvió a las mismas aguas donde se había verificado el encuentro.

En esta prisión se ve obligada á sufrir las pruebas más duras; pero las soporta con paciencia, y resiste con tal firmeza á todas las tentaciones con que, para seducirla, la rodea el Demonio, que obtiene el nombre de Josef de las mujeres.

Por esta, ¿la ves bien?, por esta con quien me casaré el lunes, Dios mediante, me libro del peligro de tenerte ante , y me hago un señor héroe, y atropellando por todo, te doy la batalla y te venzo y por fin me salvo, aunque no quieras... Esta tarde misma hablaré con Emilia, y mañana te irás a vivir con esa gente, para que aprendas, víbora, para que veas, pantera, para que sepas, demonio con faldas, lo que es el bien».

Después que los liberales le hicieron Provisor da Astorga, está en poder del demonio. Hube de caerme muerta cuando el día de la fiesta de la Virgen de la Leche y Buen Parto le decir en San Luis que era preciso reconciliarnos con los que habían trastornado á nuestra patria. ¿Cómo puede haber llegado á ese extremo de perversión una persona ten docta como el padre Lorenzo de Soto?

¿Qué demonio, qué demonio vas a hacer ahora metiéndote en León? exclamaba Perico . Tiempo tendrás de sobra, de sobra, para aburrirte... mira, aprovéchate ahora.... ¡Si estás muy bueno! Diez años, diez años te quitaron de encima las tales aguas. Ya sabía el pícaro lo que se hacía.

Es esta gente muy dada al trabajo, porque no tienen otro Dios á quien más estimen que sus campos y sembrados, y tienen en poco al demonio, y sólo le estiman en cuanto se persuaden les está bien á sus intereses.

Era de sentir la pérdida, porque un caballo que sustituyera dignamente a Brillante había de costar algún dinero; pero ¡qué demonio! cuatro o cinco mil reales no arruinan a nadie. Y el señor Cuadros hablaba del dinero con expresión de desprecio echando atrás la cabeza y sacando el vientre como si lo tuviera forrado con billetes de Banco.

Mientras tanto viene un demonio, levanta una tienda para despachar sus mercancías, se chancea con el Tiempo y el serafín, y sostiene que no escasearán los compradores de sus géneros. Mercurio cita luego á Roma, que representa á la Iglesia, la cual vende la paz de las almas, y contra esto protesta tan enérgicamente el demonio, que obliga á Roma á descampar.

Ya sabes que yo soy enemigo de la riqueza individual, pero, ¡qué demonio! hay que reconocer que en otros países hace algún bien y sirve para algo. En los Estados Unidos, por ejemplo, esos tíos que atraen el dinero á sus manos, con una buena suerte escandalosa é indecente, y que mueren dejando centenares de millones, tienen, al menos, la discreción de hacerse perdonar con obras útiles.

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