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Actualizado: 28 de octubre de 2025
A pesar de su fanática adoración, el muchacho experimentó cierto sobresalto al enterarse de que se le pedía una firma por valor de tres mil pesetas. No lo podía remediar. Estaba amasado con pasta de comerciante, y en cuestiones de dinero reaparecía en él lo que tenía del padre y del abuelo. Pero mamá, ¿tan mal estamos de fortuna? Doña Manuela estuvo elocuente.
Don Mariano, su esposo, participaba de la misma convicción, aunque en otra época, tanto el poeta lírico como el comerciante le habían causado grandes desasosiegos y turbado no pocas veces la paz de sus relaciones amorosas. Pero era hombre justificado y amigo de dar a cada uno lo suyo.
Estoy á las órdenes del señor... ¡Ah! aquí el servicio de la puerta es una ganga... ¡Esto es una tumba! ¡Una verdadera tumba! Marenval se apoyó en la chimenea para no sentarse dejando en pie al viejo criado de cabello blanco. El comerciante enriquecido tenía esos rasgos de delicadeza y se mostraba siempre dulce con los humildes.
Ser baronesa de Pontournant con los ochenta mil francos de renta del tío Guichard, con más la fortuna de su primo y la suya; ¡qué sueño! ¡Y este Fortunato, poco complaciente, no quería que se le hablase de tal asunto! se burlaba de las veleidades aristocráticas de Clementina y no quería absolutamente proporcionarse el ridículo de convertirse en barón de Pontournant á los cuarenta años y siendo un notable comerciante, condecorado bajo el sencillo nombre de Roussel.
¡Ah, miserable! dijo el comerciante después de esos ejemplos ¿todavía se atreve Vd. a embarcarse? Calló el marinero, meditó algunos momentos y dijo después 80 al comerciante: ¿En dónde murió el padre de Vd.? En la cama. ¿Y su abuelo? En la cama. 85 ¿Y su bisabuelo? En la cama también. ¡Ah, miserable! dijo entonces el marinero después de esos ejemplos ¿todavía se atreve Vd. a acostarse?
Está arruinado, desacreditado, y proscrito: tres ruinas pesan á un mismo tiempo sobre el comerciante. La ruina del dinero, la ruina del nombre, y la ruina de la libertad. ¡Está perdido! decía todo el mundo. Y él contestaba en su interior: ¡no, no estoy perdido! ¡Ya no vuelve á España! volvian á decir, aún las personas que le tocaban más de cerca.
Amaba a Manolita y no quería decir la verdad sobre su carácter; pero con el astuto don Eugenio no valían disimulos. Mira, muchacho, tú nos engañas. No, no eres feliz... aunque me lo jures. Tú tienes, como yo, sangre de comerciante, y el que nos saque de este mostrador y nuestras costumbres, nos mata.
Doña Luisa, viuda y rica, poseía en su hija Lola la verdadera riqueza que satisfacía su alma, sin perjuicio que las atesoraba, y muy pingües, para las necesidades materiales, en las que acaudaló su difunto marido, probo empleado primero, activo comerciante más tarde, é inteligente propietario después. Dos años tenía Lola cuando murió su padre.
¡Señor, haga el favor de dejar paso! dijo el conductor, dirigiéndose al comerciante. El cual miró a Krilov y se apartó un poco, tan poco, que el otro apenas pudo pasar, y hasta hubiera jurado que el comerciante le oprimía ex profeso con su voluminoso cuerpo. Sofocado, Krilov saltó, por fin, a tierra y empezó a correr, a la ventura en persecución de la muchacha.
Sí, con su permiso dijo, con voz fina, casi infantil, un alto y grueso comerciante, formado todo él de esferas y semiesferas: su vientre, su pecho, sus mejillas y sus labios eran redondos, abombados. Y dirigiéndose a Karaulova, continuó: Escucha: tú puedes arreglar tus asuntos con Dios como quieras; pero aquí, en la tierra, debes cumplir tus deberes.
Palabra del Dia
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