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DOÑA MATILDE. Papá, papá, aquí está D. Eduardo. DON PEDRO. ¡Hola! DON EDUARDO. Hum. DOÑA MATILDE. Y ya nos hemos explicado cierto qui pro quo que había ... y ... nos hemos mutuamente satisfecho ... y.... DON EDUARDO. Hum. DOÑA MATILDE. ¿No es verdad, papá, que usted se alegra de ello, y que?... DON EDUARDO. Achí. BRUNO. Dominus tecum.

Ya puede inferir el lector qué de escenas cómicas ha tenido el autor a su disposición. El señor Gorostiza no las ha desperdiciado: rasgos hemos visto en su linda comedia que Moliere no repugnaría, escenas enteras que honrarían a Moratín.

Cuando se dice que nuestro estado social no está preparado para el sufragismo, que la mujer no está suficientemente educada para ejercer sus derechos políticos, quiero preguntar si es que hemos necesitado decir lo mismo cuando importamos e implantamos en éste país las instituciones democráticas que son la base y el fundamento de nuestra sociedad actual.

Y, sin embargo, hemos dado entrada a la mujer en las escuelas superiores y en las universidades y, al igual que el hombre, hemos permitido que sus cabezas ostenten las borlas de bachiller en Artes, Leyes, Medicina y otras profesiones. ¿Podemos, ahora, decir que esas mujeres han pervertido el hogar de sus mayores o cuando se han casado han sido para sus maridos motivo de deshonor o escándalo?

DON PEDRO. Precisamente. DON EDUARDO. Y creerá que en esto le hemos faltado al respeto. DON PEDRO. Cabal. DON EDUARDO. Y que nuestra conferencia clandestina es contra las leyes del decoro. DON PEDRO. , señor, clandestina, y contra las leyes del decoro.

Nuestra educación tradicional era enteramente contraria al sistema popular de gobierno y hemos adoptado éste por considerarlo mejor que el otro, más adecuado a nuestros intereses y a los ideales del siglo, sin preguntarnos si estábamos preparados y educados suficientemente para ello.

D. Pedro. DOÑA MATILDE. Si la cebolla no me recordara siempre que la como ... luego, Eduardo, hazte cargo ... ¿podemos acaso desairar a papá cuando se muestra tan bondadoso? DON EDUARDO. Según eso te resignarías y.... DOÑA MATILDE. ¿Qué hemos de hacer?

Auiendo entendido de parte de nuestro Agente la mucha aficion, y volontad, que nos teneys, y quanta honta, y fauor le hazeys por amor nuestro, para dar nos tanto mayor testimonio de vuestra amistad, hemos recebido de lo vno y de le otro muy grande contento, y satisfacion; y assy no podemos dexar de agradesceroslo, como mereceys. Vuestras cartas hemos tambien recibido, y con ellas holgadonos infinitamente, por venir de parte de vn Principe,

BRUNO. ¿Señorita? DOÑA MATILDE. ¿Te enteraste de lo que hemos tratado? BRUNO. Ni jota ... como tenía que atender a lo que pasaba por allá dentro.... DOÑA MATILDE. Pues has de saber ... pero antes jura que no lo has de decir a nadie. BRUNO. Digo que no lo diré a nadie. DOÑA MATILDE. Júralo. BRUNO. Cuando prometo yo una cosa.... DOÑA MATILDE. Bueno ... escucha ahora. BRUNO. ¿Qué es ello?