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Actualizado: 10 de octubre de 2025


No le habría pasado ciertamente inadvertida su gran sorpresa a la señora Liénard si ella no se hubiese sentido también conmovida por una sorpresa igual. Sus clarísimos ojos contemplaban a Delaberge y parecía reflejarse en su rostro la sorpresa de quien recuerda vagamente una semejanza o se pregunta dónde y cuándo vio alguna otra vez a la persona que tiene delante.

A veces oímos á nuestros pies un murmullo argentino como ruido de perlas rodando por el suelo; es la voz del agua que corre por un canal subterráneo, y cuyos fugitivos reflejos nos aparecen vagamente á través de los intersticios de las losas.

No es esto, sin embargo, lo que más me aflige. Lo que más me aflige es que, desde hace muchísimos años, desde antes que hubiese pensado yo en escribir novelas de costumbres del día, se me había ocurrido escribir una novela histórica sobre Creta, y hasta había forjado el plan, aunque confusa y vagamente.

Esta mañana á las nueve, llamaba yo á la puerta del señor Laubepin, esperando vagamente que alguna casualidad hubiese acelerado su regreso, pero me dijeron que no le esperaban hasta la mañana siguiente; ocurrióme de pronto acudir á la señora Laubepin y participarle el apuro á que me reducía la ausencia de su marido.

Paco Ruiz parecía atender con cuidado al juego, mientras en sus labios se dibujaba vagamente una sonrisa sarcástica. Carmen también atendía á sus cartones, pero roja y confundida. El efecto que de repente produjeron á nuestro señorito no sólo aquellos dos seres miserables que tenía cerca, sino todos los allí congregados, no es fácil de describir.

Á despecho de la agilidad y soltura con que marchaba, llevaba el corazón oprimido, muy oprimido. Se representaba, aunque vagamente, cosas horrendas. Aquel bandido era muy capaz de abusar de ella y asesinarla. Llegó á Canzana agitado, convulso. Sin pasar por casa del tío Goro á noticiar lo que sabía se dirigió á la del vecino que albergaba á Plutón. Estaba cerrada y todos durmiendo.

El humo de los hornos que durante toda la noche velaban respirando con bronco resoplido se plateó vagamente en sus espirales más remotas; apareció risueña claridad por los lejanos términos y detrás de los montes, y poco a poco fueron saliendo sucesivamente de la sombra los cerros que rodean a Socartes, los inmensos taludes de tierra rojiza, los negros edificios.

Podría también ser cierto que las personas á quienes Antonio Perez demandaba recomendación alimentaran vagamente sus esperanzas, por no tener parte en el desengaño; todo cabe menos la idea de que hubiera persona que intencionadamente se propusiera agravar un estado que inspiraba conmiseración.

Estas palabras causaron un frío singular en el corazón de Reynoso. Vagamente adivinó una desgracia mayor que la enfermedad, mayor que la muerte misma, y quedó paralizado sin osar decir otra palabra. Siguió dócilmente a sus amigos, cuyas caras largas, contristadas, eran aún más inquietantes que las palabras de Tristán. Fuera de la estación les esperaba el landau de Escudero.

Conocía la soberbia profesional del torero; adivinaba que no toleraría con resignación este contratiempo. Iba a hacer locuras para reconquistar el aplauso del público. La última carta que había recibido de él se lo daba a entender vagamente. No, y no dijo con energía a su cuñado . Me voy a Madrid esta misma tarde. Si quiés me acompañas; si no quiés venir, me iré sola.

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