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Actualizado: 24 de octubre de 2025


Para tomar un baño contestó la maestra lanzando una ojeada a su sucia persona con gran indignación. De pronto, con infinito contento de doña María, Sandy se quitó la levita y chaleco, tirolos al suelo, se arrancó las botas, y con la cabeza hacia adelante arrojose precipitadamente por la cuesta abajo en dirección al torrente. ¡Virgen santa! ¡Este hombre va a ahogarse! dijo doña María.

Todo el raudal de amor que de él brotaba y que iba a ti, Dios mío, no, jamás pensé en robártele y guardarle para ; pero pensé con egoísmo en abrir cauce en mi espíritu a aquel claro, impetuoso y cristalino torrente, a fin de que llegara por él a su centro.

La pluma corrió precipitada como si el torrente de ideas que tenía que verter le imprimiera un movimiento extraordinario. ¿Por qué raro hechizo hallaba el Padre esta facilidad para escribir en hojas sueltas, cuando tan premioso estaba para escribir en el libro? El hechizo no estaba en el libro ni en las hojas sueltas, sino en el asunto.

Saltó un tapón con que venía herméticamente cerrada, un torrente de luz se escapó de su cuello destapado, y todo volvió a quedar en la obscuridad.

En momentos de revolución él es el empujado; pero se amontona, sale de su cauce, y como el torrente que arrastra árboles y piedras, lo trastorna todo aumentando su propia fuerza con las masas de hombres-sólidos que lleva consigo.

dando tumbos, despéñase un torrente: entre un choque ruidoso de guijarros y un murmullo de roce de chinarros se desliza del río en la corriente. Vuelve a lucir el sol. La lluvia es fina como agujas de plata, en cuyos ojos ténues hilos de oro el sol enhebra; pero quiere bordar, en sus antojos, un capricho en el agua cristalina y las agujas y los hilos quiebra.

Genio, inspiracion divina, Fuego devora mi mente, Y siento en el alma ardiente Una llama circular... Mas ¡qué importa! si á la tumba Pronto caerá el genio mio, Como el torrente bravío Que á morir en el mar!

«¿Hay aquí algún torrente? preguntó a Miquis. , torrente hay... de vanidad. ¡Ah! ¡Coches!... , coches... Mucho lujo, mucho tren... Esto es una gloria arrastrada». Isidora no volvía de su asombro. Era el momento en que la aglomeración de carruajes llegaba a su mayor grado, y se retardaba la fila. La obstrucción del paseo impacientaba a los cocheros, dando algún descanso a los caballos.

Mas abajo las faldas aparecen á trechos cubiertas con las alfombras frescas y tupidas de algunas praderas, ó de repente se ve una rambla estrecha y profunda por cuyos agrios peñascales se precipita algun torrente, saltando de roca en roca en luminosos torbellinos de perlas y espumas y regalando á las brisas su eterno concierto de salvajes rumores.

«¡Cuántos elementos de dicha perdidos y desbaratadospensó mientras daba vueltas entre los dedos á la relojera. «¡Pobre niña! volvió á murmurar; ¡qué lejos estarás de presumir lo que te esperaLa compasión penetraba en su pecho como un torrente, y lo llenaba de inquietudes. «No; no me escaparé como un ladrón después de haberme introducido traidoramente en el santuario de su alma inocente.

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