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Actualizado: 24 de octubre de 2025


Bajo la lluvia que unía en un solo hilo de agua su capa de goma y su caballo, Castelhum consideró largo rato el arroyo arremolinado. Señalando luego el torrente con un movimiento del capuchón: ¿Las aguas llegarán a cubrir el salto? preguntó a su compañero. Si llueve mucho, . ¿Tiene todos los hombres en el obraje? Hasta este momento; esperaba órdenes suyas. Bien dijo Castelhum.

Recogí mi bagaje precipitadamente, y á grandes saltos, conseguí ganar la orilla del torrente. Cuando volví la vista, el furioso elemento cubría ya el punto donde estaba acostado momentos antes.

Ester subió en silencio los escalones, y permaneció de pie en el tablado, asiendo á Perla de la mano. El ministro tomó entre las suyas la otra mano de la niña. No bien lo hizo, parece como si una nueva vida hubiera penetrado en su sér, invadiendo su corazón á manera de un torrente y esparciéndose por sus venas.

Pero, así como el torrente no sabe la fuerza que le impele, ni se hace al correr daño o provecho, así el hombre-líquido, al moverse, no es más que un instrumento menos imperfecto, que subleva instrumentos más ignorantes; pero lleno ya de pretensiones, mete ruido, desafía al cielo, enuncia una voz, produce eco.

El alma, el principio oculto de la vida, la virtud plasmante, la energía informante, la forma óntica, como la llama un sabio amigo mío, es sólo lo que permanece. Lo demás cambia sin cesar. La vida es, pues, no por estilo poético y figurado, sino con toda realidad, un rió, un torbellino, un torrente impetuoso.

Y como si hubiese perdido toda curiosidad, fué sumiéndose en el sueño.... Pero antes de dormirse completamente sintió un pinchazo en una muñeca, algo semejante á la mordedura de un colmillo único, una incisión que pareció llegar hasta el torrente de su sangre. Quiso mover el brazo en que había recibido esta herida y no pudo.

La marquesa, la anciana señora de virtud intachable, de educación exquisita, escuchaba aquel torrente de denuestos muda e inmóvil, con la cabeza baja y las lágrimas en los ojos, semejante a la estatua de la paciencia, contemplando sus propios sufrimientos.

Su vida remolinea ahora con súbito regolfo ante la conspiración imprevista de sus enemigos; y su voluntad parece cubrirse de espuma contra los obstáculos, a manera de bravo torrente. ¿Cómo dudar? Se ha buscado desjarretarle el brío y cubrirle de infamia.

La lluvia había crecido de una manera espantosa: un torrente bajaba por la Cuesta de los Ciegos y otro por la de los Consejos; la calle recogía estas dos vertientes y arrojaba hacia el puente un barranco fangoso. Ella continuaba sin ver; sentía que sus pies se enterraban en fango; el ruido era horrible.

El automóvil emprendió el regreso á Las Arenas siguiendo la ribera de la ría que parecía irradiar fuego bajo el torrente ardoroso del sol. Doña Cristina sonreía al paisaje, encontrándolo más hermoso que otros días. ¿Pero no has notado, Pepita, qué alegría da el recibir al Señor? que hemos empleado bien la mañana.

Palabra del Dia

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