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Dotados por lo comun de una sensibilidad exquisita, reciben impresiones muy vivas, que ejercen grande influencia sobre el curso de sus ideas y deciden de sus opiniones. Su entendimiento penetrante encuentra fácilmente razones en apoyo de lo que se propone defender, y sus palabras y escritos arrastran á los demas con ascendiente fascinador.

Otros había, y estos eran los más á propósito para apreciar la sensibilidad exquisita del ministro y la maravillosa influencia que ejercía su espíritu sobre su cuerpo, que pensaban que el terrible símbolo era el efecto del constante y roedor remordimiento que se albergaba en lo más íntimo del corazón, manifestándose al fin el inexorable juicio del Cielo por la presencia visible de la letra.

La de Córdoba, por ejemplo, que cuenta 160.000 almas, apenas 20 están dentro del recinto de la aislada ciudad; todo el grueso de la población está en los campos, que, así como por lo común son llanos, casi por todas partes son pastosos, ya estén cubiertos de bosques, ya desnudos de vegetación mayor, y en algunas con tanta abundancia y de tan exquisita calidad, que el prado artificial no llegaría a aventajarles.

Sin equivocarse, comprendió lo que con exquisita delicadeza Juan había esperado de ella, respetuoso y en silencio. Al pensar en la plenitud de aquel amor que no debía aceptar y que, sin embargo, había involuntariamente suscitado, una sensación de espanto la dominó.

Olvidando un instante los penosos rigores de su situación presente, Liette reapareció tal como era en otro tiempo en el salón de su padre, la exquisita criatura cuyo encanto indefinible, más poderoso aún que la belleza, había hecho levantarse tantas cabezas bajo el quepis de doble o triple galón de oro.

El señor Belinchón al verles llegar deseaba ya ardientemente que el asunto se hubiese arreglado sin necesidad de duelo, a pesar de ser él quien lo provocara. Nuevo testimonio de su grandeza singular de alma y de la exquisita sensibilidad de que estaba dotado. Por desgracia el director del Porvenir se había mantenido firme.

Nada de eso, nada de eso respondía el cura, que no entendía de finuras... Me voy porque me voy... Buenas tardes... Adiós, señoras. Acompañé al cura hasta la puerta, y sus últimas palabras fueron: Sobre todo, no falte usted a la caridad... Cuando volví al salón, la conversación era ya animada. La de Sarcicourt estaba dando a la abuela una receta exquisita para hacer el pudign con fresas.

Me dejé caer sobre un silloncito en que ella solía sentarse y permanecí allí algunos minutos presa de la más viva ansiedad, retenido a mi pesar por el deseo de saborear impresiones cuya novedad me parecía exquisita.

Gastaba bigote y perilla, lo cual le daba más aspecto de coronel de caballería que de hombre de toga. Hablaba poco, casi nada, pero era tan exquisita y ceremoniosa su cortesía, que los que platicaban con él siempre quedaban un poco cortados y descontentos de mismos.

Tocaba el violín cuando no era más alto que él, lo mismo que el piano y el órgano. Con leer una vez una canción, tenía bastante para ponerla en música exquisita, que parece de sueño y de capricho, y como si fuera un aire de colores. Escribió más de quinientas melodías, a más de óperas, misas, sonatas, sinfonías y cuartetos. Murió pobre a los treinta y un años.

Palabra del Dia

epinona

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