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La vida se desarrollaba vigorosa y activa en ellos y en los vecinos bosques. Insectos de brillantes colores zumbaban en torno de hojas y flores; juguetonas ardillas suspendían sus escarceos para mirar al insólito caminante desde lo alto de las ramas, y ya se oía el gruñido del fiero jabalí en el matorral, ya el roce de las hojas secas pisadas por el gamo, que huía á todo correr.

Aquí, era preciso construir una balsa para atravesarlo, acullá, abrirse paso con hacha en mano por entre bosques enmarañados.

La necesidad de conservar sus maderos de construccion, de carpintería y hasta los que se destinan para servir de leña, ha obligado á la Francia, hace ya mucho tiempo, á crear la Administracion de Bosques, que tiene por objeto cortar los abusos de todo género á fin de conservar recursos para el porvenir.

Todos estos bosques, poblados de una diversidad prodigiosa de plantas casi desconocidas, abrigan tambien en su seno tigres y otros animales feroces. Las orillas del Mamoré presentan á cada paso paisages pintorescos, y á los que la variedad de vegetacion da un aspecto el mas risueño.

En las pendientes de la montaña, los bosques alternan con las manchas de césped, pero nunca al azar.

El Monte-Blanco es el monarca de las montanas; esta coronado desde muchos siglos con una diadema de nieve sobre su trono de rocas. Esta revestido con un manto de nubes: los bosques forman su cenidor, tiene un avalange en sus manos como un rayo amenazador; pero espera mis ordenes para dejarlo caer en el valle.

De nuevo á la población, dices. : de ese lado, á ella conduce; pero del lado opuesto, se interna más y más en la soledad de los bosques, hasta que á algunas millas de aquí las hojas amarillas no dejan ya ver vestigio alguno de la huella del hombre. ¡Allí eres libre!

Entre las tres grandes cordilleras que atraviesan la república se encuentran valles sumamente fértiles, y salubres mesetas coronadas de elevados picos cubiertos de nieve. En las faldas orientales de las montañas existen vastos y exuberantes bosques con una innumerable variedad de maderas valiosas y plantas medicinales.

El que fingìa ser Papa, y compañeros, Jamas nos esperaron en la guerra; Que aunque suele traer muchos flecheros Y sale muchas veces de su tierra, Por saber ya que son arcabuceros, En los bosques, y montes bien se encierra. El Guayraca, que hizo palizada, Quedó muerto, y su tierra desolada.

La silueta de los lejanos bosques, le hacía pensar en el asunto de los deslindes y de pronto se decía, no sin una secreta satisfacción, que entre los usuarios de Val-Clavin estaba una cierta viuda, de serenos y límpidos ojos, de cabellos castaños que le caían en graciosos rizos sobre las sienes, en compañía de la cual había pasado una agradabilísima velada.