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Actualizado: 21 de octubre de 2025


Si mis impresiones son equivocadas, al ménos tienen la cualidad de ser sinceras. Al norte está la ciudad antigua, aunque muy embellecida y renovada; al sur la nueva, con su hermoso paseo del Prado. Del otro lado, al poniente, hácia la llanura, parten los otros dos ferrocarriles.

Dejó la guadaña y la macona en el prado y emprendió una carrera veloz hacia Canzana. Todavía se hallaba mucha gente delante de casa del tío Goro. Entre los hombres divisó á Nolo. Se acercó á él y le dijo algunas rápidas palabras al oído. El mozo se puso horriblemente pálido. Y sin responderle se fué recto al tío Goro y le habló también al oído. El desgraciado padre empalideció también igualmente.

Seré merecedor de tu desvío, Mas no comprendo la ilusión extraña Que á dar tanta beldad te precipita, Inútil don, tesoro inmaculado, Á la vejez marchita. La amapola del prado No despliega la pompa de sus hojas, De púdico amor rojas, Hasta que el sol derrama En su velado seno estiva llama; Ni la rosa se atreve Á abrir el cáliz entre escarcha y nieve.

Si es noche de sociedad, a vestirme; gran «tualeta». A casa de E... Bonita sociedad; muy bonita. Ello , las mismas de la sociedad de la víspera, y del lunes, y de... y las mismas de las visitas de la mañana, del Prado y del teatro, y... pero lo bueno, nunca se cansa uno de verlo. ¿Y qué hace usted en la sociedad?

21 E hizo volver a su oficio al príncipe de los maestresalas; y dio el vaso en mano del Faraón. 22 Mas hizo colgar al príncipe de los panaderos, como le había declarado José. 23 Y el príncipe de los maestresalas no se acordó de José, sino que se olvidó de él. 2 y que del río subían siete vacas, hermosas a la vista, y muy gordas, que pacían en el prado.

Allí las confidencias, los dulces y estériles coqueteos, los cumplimientos de todo estilo, y la ostentacion del lujo, de la hermosura y de la charla. El Prado es encantador. El tipo español, múltiple, se ostenta allí, á pié ó en coche, en lo que tiene de mas bello y distinguido. Y ¡qué lujo en las formas de aquellas naturalezas!

Al día siguiente no hubo colegio tampoco por la tarde, y salieron en coche como habían convenido a la tendée, luciendo el tío Manolo sus aptitudes prodigiosas en el Prado. Miguel iba embelesado y orgulloso de ver que la gente les miraba mucho. Aquella manera de enganchar los caballos era todavía rara y un poco peligrosa no contando con jacas amaestradas.

El vaquero Emperador, anónima, licencia de 1672. Pachecos y Palomeques, de D. José Antonio García de Prado, licencia de 1674. El mejor maestro Amor, de D. Manuel González de Torres, licencia de 1683. Amar sin favorecer, de Román Montero, 1660. Casarse sin hablarse, anónima, licencia de 1641. Vida y muerte de San Blas, de Francisco de Soto, licencia de 1641.

Para nuestro señor y dueño Ogul, cuyo palacio estais viendo á orillas del rio, y al cabo de este prado, que somos sus mas humildes esclavas.

Uno de ellos llegó a decirle: Véngase conmigo, D. Andrés; saltaremos a ese prado, y yo le llevaré a un sitio donde esos perros pachones no den con usted... Por la noche se puede ir adonde guste. Pero todas las instancias fueron inútiles. El joven se obstinó en no moverse del sitio.

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