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Yo soy el vate de inmortal salterio; alma sublime a la emoción nacida, que vuela de hemisferio en hemisferio siempre a los rayos de tu luz asida. No confundas tu sueño con mi sueño, que somos dos materias bien distintas apesar de esta magna afinidad... Eres la Inspiración, mas soy el dueño del ritmo y de las gamas inextintas, ¡y mía es la sublime eternidad! DESPU

Esos perros de ingleses no podrán decir que somos avaros exclamó uno ; porque esa metralla les pagará con creces el cirujano que les cura. Ya se ve que combatimos con una dama. ¡Voto a tal! ¡cuánta galantería! ¡balas de plata!... dijo otro. Yo no pediría más que una carga como esa para divertirme en Saint-Pol añadió un tercero.

Mientras tanto, Momaren, saliendo de su nimbo de vanidad, decía con acento conciliador: Nada de maestro ... nada de gran poeta. Los dos somos iguales: compañeros y amigos para siempre. Golbasto palideció, hasta tomar su cara un tono verdoso.

La verdad es, querida mía, que todas somos ridículamente educadas... Esas educaciones etéreas falsean nuestro entendimiento... Lo cierto es que no hay nada en la tierra, ni en el cielo, mucho lo temo, que pueda responder a la idea que nos hemos formado de la felicidad... Nos educan como a espíritus puros, y en realidad no somos más que mujeres... hijas de Eva... nada, nada más.

María de la Luz, para animarle, sacaba del fondo de un armario alguna botella de las que se dejaban los señoritos cuando iban a la viña, y el capataz miraba con ojos llorosos el líquido dorado de la copa. Pero al llenar ésta por tercera o cuarta vez, su tristeza tomaba un acento de dulce resignación: ¡Lo que somos! Hoy ... mañana yo.

El español no acude puntualmente a las citas, no porque considere que el tiempo es una cosa preciosa, sino, al contrario, porque el tiempo no tiene importancia para nadie en España. No somos superiores, somos inferiores al tiempo. No estamos por encima, sino por debajo, de la puntualidad. En España hay conversaciones de hombres y conversaciones de mujeres.

Mientras tanto, Duchêne había abierto la puerta, gritando: ¿Es usted, señora Lefèvre? , somos nosotros. ¿No hay noticias de Juan Claudio? No, señora. Todos entraron en la cocina.

Somos los autores más antiguos españoles de comedias, autos, pastorales, coloquios, églogas, diálogos y entremeses; pero si bien cada uno de nosotros se vanagloría de haber sido en su tiempo el único y famoso, venimos aquí, ahora, después de haber oído ayer la oración fúnebre de Marín sobre la muerte del fénix Lope de Vega, como almas pecadoras, y nos postramos arrepentidos á tus pies para pedirte dos cosas: la primera, que mandes quemar todas nuestras obras, escritas hace cuarenta años; y la segunda, que des orden de purgar con ruibarbo á las compuestas desde entonces hasta el día, para que se purifiquen en lo posible de la grosería y rusticidad de sus pasajes serios, y de la frialdad y escasa animación de los burlescos.

Además Peña es muy gordo proseguía él sin hacer caso de la cariñosa advertencia y dice con razón Gustavo Núñez que los hombres gordos no son capaces de bondad ni de maldad. Sólo los delgados son realmente buenos o malos. Reynoso principió cómicamente a palparse y a palpar a Cirilo. ¿ y yo somos delgados o gordos, querido?

Nosotros representamos las venerandas tradiciones de nuestros mayores. Somos el pasado. Somos el año de la Nanita... EL ENGA

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crucificaron

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