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Actualizado: 21 de octubre de 2025
La luna nos incomoda un poco, señora respondió un viejo sonriendo, pero ya estamos acostumbrados. Los compañeros rieron, y la condesa también, por complacencia. Mira, ven á mostrarme el establo: así nos libraremos un poco del calor. Como guste la señora. El establo se hallaba en la parte superior del prado.
Ese monumento, tan noble por su severa sencillez como por las epopeyas que evoca, es el del Dos de Mayo, que domina una de las espléndidas alamedas del Prado.
De que sea Juan de Pareja, no cabe duda, porque la fisonomía del mulato es la misma que la de la figura donde él se retrató en su cuadro la Vocación de San Mateo, que esta en el Museo del Prado .
El Blutfeld, situado entre el Schneeberg y el Grosmann, es una estrecha garganta rodeada de ingentes rocas cortadas a pico. Una corriente de agua se desliza por allí sinuosamente, tanto en invierno como en verano, a la sombra de crecidas malezas, y al fondo se extiende un ancho prado, en el que se ven grandes piedras esparcidas.
En tanto, pues, que esto pasaba Sancho, estaba don Quijote mirando cómo, por una parte de la enramada, entraban hasta doce labradores sobre doce hermosísimas yeguas, con ricos y vistosos jaeces de campo y con muchos cascabeles en los petrales, y todos vestidos de regocijo y fiestas; los cuales, en concertado tropel, corrieron no una, sino muchas carreras por el prado, con regocijada algazara y grita, diciendo: ¡Vivan Camacho y Quiteria: él tan rico como ella hermosa, y ella la más hermosa del mundo!
Lo que más me chocó en la representación de un auto, á que asistí en El Prado viejo, fué que, verificándose en medio de la calle y á la luz del día, se encendieron luces, mientras que en otros teatros cerrados, se aprovecha la claridad natural, sin emplear la artificial .» Así se expresan nuestros viajeros, sirviéndonos sus relaciones para enlazar y completar las nuestras.
Me acerqué a contemplar el caserío: la fachada que miraba al mar era toda negra; la otra tenía un jardín abandonado, con dos cipreses secos, y luego una huerta, que se continuaba con un prado. Entré en la casa y llamé. Esperé algún tiempo, y un hombre que trabajaba en la huerta me dijo que el capitán, así llamaba sin duda al amo, no estaba en casa. Había ido a Elguea con su hija.
Comenzó pronto su carrera artística, y desde muy joven fué considerada como inimitable en el desempeño de los papeles de primera dama. Más tarde estuvo en Francia con la compañía de Sebastián de Prado, representando allí más de once años con general aplauso.
Tenía la intención de descubrir el motivo de esta entrevista nocturna y la identidad de su compañero, que debía ser evidentemente algún novio secreto cuya existencia nos había ocultado a todos. Pero, seguirla derecho a través del prado iluminado por los rayos de la luna, era hacerse descubrir en el acto.
Un coche subía por la calle de Alcalá y entraba por el paseo del Prado; en el jardín del ministerio brillaba el fusil de un centinela, y algunas voces de hombres que venían cantando escuchábanse muy de cerca, por el lado de allá de la verja. Forma la esquina del ministerio un pabellón aislado, de un solo piso, con cuatro fachadas y tres ventanas en cada una.
Palabra del Dia
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