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Actualizado: 14 de octubre de 2025
Luego que los enemigos fueron en tierra, mandó D. Alvaro entrar en el fuerte todos los españoles, dejando fuera los alemanes, italianos y franceses, llegados bien al fuerte y reparados con muy buena trinchea. Comenzóse á murmurar desto, y así los metió á todos dentro y mandó salir fuera banderas de españoles. Dende á pocos días mandó desamparar aquellas trincheas y metió toda la gente dentro.
En el ancho portal daban guardia dos caballeros armados de punta en blanco, calada la visera y apoyados en sus lanzas; y entre ellos, sentado á una mesa baja y atendido por dos pajes, se hallaba el secretario de Su Alteza, encargado de anotar en el registro que delante tenía el nombre y títulos de los nobles visitantes y en especial los de aquellos recién llegados á la corte.
La Sevilla de tiempos de Don Alonso X tuvo que ser la misma, ofreció el mismo aspecto, que la de los monarcas sucesores, hasta llegados los comienzos del siglo XVI. ¿Y cómo fue? Veámoslo.
Llegados al estudio, se sentó, sin haber examinado los lienzos puestos en el caballete, como tenía por costumbre, y dijo, mirando á su hijo adoptivo: Cuéntame con detalles tu accidente y tus aventuras con la señorita Guichard.
Á D. Sancho de Leyva, General de las galeras de Nápoles, escribió mandándole que llegados en Berbería saliese en tierra con el Duque, y en el progreso de las cosas de guerra le aconsejase, como prudente, todo lo que hobiese de cumplir, y al Duque escribió que no hiciese cosa sin dar parte á D. Sancho.
Daba consejos a Ojeda, demostrando gran interés por su porvenir. Bastaba que fuese amigo de la niña para que él considerase sus asuntos como propios. Debía proceder con mucha cautela en el Nuevo Mundo. Los negocios buenos eran abundantes, pero también las gentes sin conciencia que estaban a la espera de los recién llegados para abusar de su ignorancia.
Llegados ambos jinetes con los tres caballos á la entrada del palenque, dió el escudero aquel vibrante toque que tanto sorprendió á los espectadores. ¿Quién es ese caballero, Chandos, y qué desea? preguntó el príncipe Eduardo. Á fe mía, replicó el canciller con no disimulada sorpresa, que ó mucho me engaño ó es un noble francés.
Mientras hablaban ambos nobles había recibido Guillermo el homenaje de otros recién llegados y oído con impaciencia las propuestas de algunos, por lo general aventureros, que ofrecían vender su espada y las reclamaciones de no pocos negociantes y armadores de la ciudad, perjudicados, según ellos, por los excesos de la soldadesca.
Mañana ó pasado serán los más fuertes, sabrán lo que les convendrá y no lo podemos impedir, como no se puede impedir que los niños, llegados á cierta edad, se enteren de muchas cosas... Digo pues, por qué no aprovechamos este estado de ignorancia para cambiar por completo de política, para fundarla sobre una base sólida, imperecedera, ¿la justicia por ejemplo en vez de la base ignorancia?
La conduje hasta su coche y llegados a él, el estribo bajo y Magdalena envuelta en su abrigo de pieles, le dije: ¿Me permite usted acompañarla? No había contestación que darme sobre todo a presencia del señor D'Orsel y de Julia. La pregunta era, por otra parte, de las más sencillas. Subí casi antes que ella me lo permitiera.
Palabra del Dia
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