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Actualizado: 21 de octubre de 2025


No hagáis ostentación en vuestra novela prosiguió la marquesa de frases y palabras extranjeras de que no tenemos necesidad. Si no sabéis vuestra lengua, ahí está el diccionario. Bien dicho repitió Rafael ; no daremos cuartel a las esbeltas, a las notabilidades ni a los dandys; perversos intrusos, parásitos venenosos y peligrosos emisarios de la revolución.

Repitió con energía, que lo dicho, dicho estaba: que él no podía volver a su casa, por razones que al tío no le importaban un bledo, pero que si le dejaba marchar en paz, le prometía ser todo lo juicioso posible... Si no vas a tu casa, muchacho, ¿a dónde vas? A tomar el fresco... Agapo le vigilaba, y vió que se sonreía, que parecía tranquilo...

¿Y por qué? preguntó con soberano desparpajo el oficial. ¿Y por qué? repitió la vanidad en el fondo del alma de la Tribuna. No sería yo el primero, ni el segundo, que se casase con.... Hoy no hay clases.... ¿Y su familia... su familia... piensa usted que no se desdeñarían de una hija del pueblo? ¡Bah!... ¿qué nos importa eso? Mi familia es una cosa, yo soy otra repuso Baltasar impaciente.

¡Está ahí! repitió un sordo murmullo. ¿Te negarás a recibirla? dijo con emoción la marquesa, adivinando los pensamientos de doña María. No... que venga aquí repuso la madre con energía . Veré a la que ha sido mi hija... ¿La encontró usted? ¿Estaba sola? Sola, señora exclamó llorando D. Paco . ¡Y en qué triste y lastimoso estado!

Ya no somos novios repitió D. Benigno . Aquello era una tontería. ¡Me lo ha revelado Dios por conducto de estos achaques míos, y mi razón me dijo tantas, tantas cosas!... No dudé, ni por un instante, de la sinceridad de tu consentimiento.

Tomó a la joven de la mano y la condujo al banco a pesar de las súplicas y de la resistencia de ella. Una vez sentado junto a la joven, prosiguió: Elena, he estado enfermo en Bruselas, en peligro de morir; tranquilizaos, no tembléis así. En peligro de morir repitió la joven . ¡Oh! era por eso que mi corazón estaba lleno de temores y que lloraba cuando pensaba en vos...

Debemos señalar al pueblo cuáles son sus enemigos, sus enemigos de siempre dijo el Doctrino. Pues eso es lo que yo decía afirmó Aldama, decidiéndose, después de grandes vacilaciones, á probar el contenido de la botella. Digo lo mismo repitió Cabanillas. Hoy estamos peor que antes: no hay otra diferencia sino algunas palabras más en nuestras bocas.

La llevo... porque es mía. ¿Suya?... Pero está enferma.... Yo la sanaré.... Eso no puede ser.... Es imposible repitió. Salvador la agarró por un brazo y la llevó al otro extremo de la habitación, casi en vilo. Ella iba chillando: ¡Ay..., ay..., ay!...

Sólo estando muy cerca de ella, como estaba el sobrino de Coletilla en aquel momento, era posible oír aquellas palabras. ¡Soy muy desgraciada! repitió con un rumor débil, sordo, apagado, como esos murmullos de rezo que turban en las horas de tranquilidad el profundo silencio de las catedrales.

«¡Si ella supiese toda la verdad!», repitió en su cerebro la voz del remordimiento. Pensaba con horror en lo que podría decir Cinta de conocer la extensión de su pecado.

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